Ámsterdam (I): museos y canales

I amsterdamAlgunas veces te recomiendan tanto ver una película, o leer un libro concreto, que cuando la ves te llevas una sensación de cierta desilusión. ¿No os ha pasado nunca?

Mi viaje a Ámsterdam guarda algo de esa sensación. Y no es una cuestión de que no lo pasara bien o no recomiende visitar sus canales, su ajetreada vida diurna y nocturna, sus casas flotantes, o su historia… sin embargo, todo el mundo me había hablado tanto de sus encantos que cuando volví de la capital holandesa la emoción por el viaje realizado no desbordaba mis comentarios.

Sin embargo, con el paso de los meses, y bien asentados mis recuerdos de aquel fin de semana, como el poso un buen café, mi opinión ha ido cambiando... a mejor. Ahora creo que, con otra perspectiva más lejana, es el momento oportuno para intentar transmitiros mis sensaciones sobre la bella ciudad donde transcurre la excelente novela de David Liss comentada en el anterior post (ver El Mercader de Café).

Comenzaré, como debe ser, por el principio: muchas ciudades a lo largo de la historia se han desarrollado a la orilla del mar o de un río, y la capital neerlandesa no fue un caso distinto, siendo en su origen un pequeño pueblo de pescadores. Sin embargo, a diferencia de otras ciudades, en el siglo XII, se construyó un gran dique (dam) sobre el río Amstel (=Amsteldam) conquistando tierra al agua. Esto permitió que, siglos más tarde, con la conquista del Nuevo Mundo (y su dependencia de España ya que Carlos V heredó de su abuela los Países Bajos), convirtieron a Ámsterdam en uno de los puertos más importante del Viejo Mundo (alimentos y armamento especialmente).

Procedentes del tren que os acercará desde el aeropuerto Schiphol, llegaréis a Grand Central Station. En mi caso particular, yo tuve que tomar un tranvía hasta el hotel (sí, lo elegimos por su situación, algo alejado del bullicio del centro, pero situado entre la Plaza de los Museos y el barrio De Pijp).

Como habéis podido ver no suelo dejar críticas negativas en mis posts, pero en este caso debo hacer una excepción con este hotel: no, no diré el nombre (como única pista decir que empieza por N y acaba por H, y de apellidos Museum Quarter 😉 ), pero le sobra sin duda, una estrella de las cuatro que tiene, y no, tampoco ayudó en nada a que la primera impresión de Ámsterdam fuera positiva.

Mapa AmsterdamAl menos estaba alejado del bullicio del centro, y cerquita andando del famoso barrio De Pijp, donde nos acercamos a cenar. De Pijp es a Ámsterdam lo que el Barrio Latino a París, una zona de copas, restaurantes y terrazas (fuimos en julio que conste) donde los locales se reúnen en un ambiente alejado del turisteo típico de la ciudad, y sin duda, una de las zonas más animadas de Ámsterdam. En este distrito todo gira en torno al Albert Cuyp, donde encontrarás el mayor mercado al aire libre de Europa. En este mercado hay de todo, desde comida y bebida hasta ropa y cosméticos. De Pijp también es famoso por la Heineken Experience, que se encuentra en la antigua fábrica de cerveza de Heineken.

Tras cenar paseamos hasta Leidseplein, una de las mejores zonas de Ámsterdam para finalizar el día. En los bares y restaurantes de la plaza (especialmente en las terrazas durante el verano) podréis disfrutar del siempre animado espectáculo callejero. Como curiosidad histórica, la zona de Leidseplein fue en otros tiempos un aparcamiento donde se dejaban los carruajes antes de entrar en la ciudad. Destacar que frente a la plaza se encuentra el Teatro Municipal, un enorme edificio neo-renacentista (1894) y cerquita el Casino de Holanda.

IMG_0051Al día siguiente nos levantamos prontito y nos acercamos a una pastelería espectacular en De Pijp (probad cualquiera de sus tartas, yo aún recuerdo la de zanahoria).

Con el estómago lleno nos dirigimos a la cercana Plaza de los Museos. Y no os olvidéis sacaros la foto de rigor con el logo: I amsterdam

Lo primero, (para evitar las colas que se suelen organizar algo más tarde) entramos en el Museo Van Gogh, visita obligada si decidís visitar Ámsterdam. Por cierto otra visita recomendada es el emblemático Rijksmuseum (foto de inicio del post), museo que recoge la mayor colección del Siglo de Oro holandés, con obras de Rembrandt, Johannes Veermer, o Frans Hals. Cuando estuvimos estaba cerrado por remodelación (han tardado 10 años pero como podéis ver en el enlace siguiente merece la pena: http://elviajero.elpais.com/elviajero/2013/03/21/actualidad/1363867474_936739.html )

De camino al centro histórico y después de culturizarnos con las obras del genio pelirrojo, cruzamos Voldenpark, el pulmón y parque más grande de Ámsterdam, y el lugar preferido para caminar, pasear en bicicleta, practicar deportes, comer al aire libre o relajarse sentado en alguno de sus cafés con terraza.

VoldenparkTras el agradabilísimo paseo, recomiendo ir tranquilamente callejeando por los hermosos canales (seña de identidad de Ámsterdam) hasta Wester Kerk.

Wester Kerk permite la subida a su campanario de 85 metros con unas vistas muy buenas de la ciudad. Y es donde está enterrado Rembrandt

P1030199P1030208Por cierto no es un efecto óptico, está torcida su torre, como muchos de los edificios de la ciudad.

En lo alto de los mismos como curiosidad veréis muchos ganchos, para permitir poleas y subir o bajar los muebles en sus estrechas y altas casas, también por el mismo motivo se inclinan las viviendas ligeramente hacia delante, pareciendo que se van a derrumbar de un momento a otro).

Pegado a Wester Kerk está el Museo-Casa de Ana Frank donde os conmoveréis viajando a aquella desgraciada época, descrita en esta triste novela, ya comentada.

En el siguiente post comentaré los atractivos del centro histórico de la capital de los Países Bajos. Hasta entonces, Tot ziens!.

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