Asturias, Patria querida…

banderaasturiasEn el post anterior, en la novela La Visigoda, la autora nos proponía un viaje en el siglo X por tierras asturianas, en los ojos y palabras de una extraordinaria y dura protagonista, Alana. En la presente entrada mi propuesta quiere ser algo más personal: en esta ocasión no sólo deseo recomendaros un mero viaje por Asturias, una tierra sin duda llena de personas amables, nobles y luchadoras; mi pretensión es que los siguientes párrafos sirvan de viaje en el tiempo a decenas, cientos de sensaciones y recuerdos, que en gran medida han marcado una vida concreta y entrelazada a dicha maravillosa tierra y sus gentes: la mía propia.

¿Por dónde empezar mi viaje personal por Asturias?

La respuesta a esta pregunta es muy sencilla: siempre todo se debe empezar por el principio, y en mi caso, el principio de mi relación con tierras astures comenzó hace cuatro décadas, en mi infancia...

Personalmente, fue una época, sin duda, extraordinaria y feliz, llena de muchos recuerdos en forma de pinceladas gruesas y coloridas que se guardaron en mi disco duro, imborrables y con seguridad intransferibles.

Recuerdos maravillosos de veranos en San Pelayo, al otro lado del río Cubia (afluente del conocido Nalón), a las afueras de Grado (popularmente conocido como Grau o Grao), una villa que es capital del concejo del mismo nombre y en pleno interior del Principado de Asturias, a 25 kilómetros aproximadamente de Oviedo en dirección oeste... Allí vivían mis queridos abuelos maternos y allí, con ellos, comenzó mi amor incondicional por dicha tierra.

No sé si estaréis de acuerdo conmigo o no, pero cuando uno se pone a pensar en los recuerdos infantiles muchas veces lo que te sueles plantear son fotografías, algunas más nítidas que otras, pequeños videos con banda sonora o sin ella, conversaciones, frases... es decir, los recuerdos de la niñez confluyen en muy distintas formas; curiosamente, en mi caso personal, muchos de esos recuerdos son también olfativos, en forma de olores característicos: el olor a madera recién cortada, por ejemplo, siempre me trae la maravillosa memoria de mi querido abuelo y la serrería que había detrás de su casa; el olor a hierba húmeda de la mañana, a leña en la cocina, a manzanas, a leche recién ordeñada... siempre me transportan por unos segundos a la cocina de mi inolvidable abuela.

En otros casos los olores me traen recuerdos menos familiares pero igualmente imborrables, por ejemplo, el olor a maíz colgando del hórreo que se emplazaba justo enfrente del balcón de mis abuelos; el olor a choto (no os confundais con el significado de esa palabra, no tengo las pituitarias defectuosas, un choto es un ternero) de dos casas más allá; o el fuerte olor, que invadía muchas humildes casas de San Pelayo, del conocido como queso Afuega’l pitu, una especialidad de la zona, y uno de los dos únicos quesos asturianos con Denominación de Origen (el otro es el archiconocido queso de Cabrales).

hórreoPor cierto para el que no los conozca, he mencionado el hórreo: la diferencia entre el un hórreo (foto) y la panera es, fundamentalmente, la capacidad, pero hay otras: la panera puede tener seis o más pegoyos (pilares), mientras que el hórreo siempre tiene cuatro. El hórreo suele ser muy simple en su perímetro, mientras que la panera suele tener, en gran parte, corredor y balaustrada. Y también mencionar que las paneras suelen ser más ornamentadas.

Pero, como decía, no sólo los olores traen recuerdos de temporadas y veranos de mi infancia con mis entrañables y cariñosos abuelos maternos, a mi mente vuelven además las sensaciones fantásticas de por ejemplo, siendo niño, tomar el tren Oviedo-San Esteban de Pravia y llegar en el ferrocarril de vía estrecha hasta la playa El Aguilar: aún recuerdo cuando una simpática leona marina se perdió por estas latitudes y acabó encariñándose con la playa y todos los niños que íbamos a la misma.

elAguilarTambién guardo bajo llave fantásticos recuerdos visuales y emocionales de otras excursiones con mis abuelos (hace pocos años pude llevar a mis hijas), por ejemplo hasta la hermosisíma villa costera de Cudillero.

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También quiero mencionar otros recuerdos de mi niñez, más sencillos pero no menos importantes: entre ellos, ir de paseo hasta el centro de la Villa de Grado a comprar algún comic o alguna de las Joyas Literarias Juveniles, editada por Bruguera allá por los 70 y 80, que devoraba en mis años mozos; o devorar las fantásticas "bolliñas" y el arroz con leche que mi abuela me hacía con todo su cariño cuando iba a Asturias; o la paciencia de mi abuelo de llevarnos a mi hermano y a mí al parque de Manuel Pedregal para jugar con otros “rapacinos” o niños al fútbol… simplemente, gracias infinitas, os llevaré siempre conmigo.

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