El crucero… embarcamos

Muchas son las posibles motivaciones para alguien que decide embarcarse en la aventura de escribir: divertir al prójimo, hacer reflexionar, emocionar, rebelarse contra algo o alguien, sublevar los pensamientos, informar, formar, revolver los sentimientos, opinar, dar testimonio del tiempo que le ha tocado vivir, criticar, dejar crecer tu ego, convencer, tratar de entender, engañar, versionar la historia, dejar salir los demonios propios, crear otra realidad, enamorar, demostrarse algo a uno mismo, demostrar algo a los demás, protestar, dejar volar la imaginación…

Hay muchos más porqués, pero seguro que en alguno o varios de los mencionados os reconoceréis si sois de esas “rara avis” que habéis decidido, en un momento de vuestras vidas, sentaros delante de un folio en blanco y comenzar a juntar una palabra tras otra, ya sea para crear un poema, un post, una canción, un guion, un diario, un artículo, una novela o lo que sea.

Muchas fueron también mis propias motivaciones y, sin duda, no podría decir una en particular a destacar sobre las demás. Y aunque no sé si conseguiré alguno de esos objetivos, lo que sí tengo claro es que al menos poseo dos de las cualidades necesarias para ser escritor: la curiosidad y amar la lectura… sí lo sé, me faltan muchísimas otras, pero comparto la idea que decía el conocido irlandés Óscar Wilde “no existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo”.

Ahora, sentado delante de un teclado, cuatro años después de comenzar una aventura personal que muchos habéis seguido a través de mi blog, va tomando cuerpo el resultado de tantas y tantas horas robadas a mi mujer e hijas, al sueño o descanso y al implacable devenir de los días (desde aquí maldigo sus escasas veinticuatro horas).

Pero no os confundáis, lo emocionante no es tanto el final sino el proceso: me encanta ir desarrollando poco a poco una idea, ir formando en mi cabeza unos personajes, sus relaciones, sus deseos, sus miedos… y es que la mayor parte de la escritura se hace lejos del ordenador. Muchas son las horas dedicadas por el que os escribe a documentarse, leer, consultar, anotar en su inseparable cuaderno (en estos tiempos que corren, el smartphone) o simplemente a imaginar otras vidas.

Pero tampoco os quiero engañar, aunque Virginia Woolf decía que “la verdad que escribir constituye el placer más profundo, que te lean es sólo un placer superficial” la sensación de que alguien lea tu novela y simplemente te diga que le ha enganchado de principio a fin, o que tenía ganas de leer más y más para saber qué pasaba, es un placer superficial pero muy difícil de describir o equiparar. Eso sí, sin duda, un alimento vital para mi ego.

Por ese motivo, ando liado estos días terminando la última revisión de mi novela “El crucero”, para poder editarla, compartirla con todos vosotros y esperar vuestro veredicto.

¿De qué va? Lo siento, tendréis que esperar unos días; por ahora, sólo os adelantaré que es un thriller así como la portada que tengo pensada:

ElCruceroPortada2

Un comentario en “El crucero… embarcamos

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