El hombre de Viena (Daniel Silva)

el-hombre-de-vienaCon este título (traducción muy libre de “A Death in Vienna” –algún día deberíamos hablar de las traducciones de los títulos de películas o libros, que en España son, como mínimo, “curiosas”-) el conocido autor de bestsellers norteamericano Daniel Silva (no, no es español, nació en Michigan en 1960) vuelve a dar muestra de su capacidad narrativa con un entretenido relato de espionaje.

La novela comienza con un súbito atentado en la oficina vienesa de Reclamaciones e Investigaciones de Guerra (dirigida por Eli Lavon, del servicio secreto israelí o Mossad, y cuya misión es principalmente encontrar a criminales que hubieran sido partícipes de una manera u otra en el Holocausto). La investigación sobre el atentado será encargada a Gabriel Allon, uno de los mejores agentes de la todopoderosa agencia israelí, y que vive como Mario Delvecchio, un prestigioso restaurador, en Venecia.

La investigación descubrirá que, detrás de la misma, se esconde Ludwig Vowel, un millonario de cierta edad y cuyo hijo secreto es el candidato (de ultraderecha claro) mejor colocado en la carrera hacia la cancillería austríaca. Pero Gabriel descubrirá que quizá, bajo el alías de Vowel, en realidad se esconda Erich Radek, un despiadado asesino de la SS, miembro de la Legión Austríaca y colaborador cercano de Adolf Eichmann.

Un viaje por Roma, Jerusalén, Buenos Aires, Bariloche, y Zúrich confirmará las peores sospechas del Mossad: a finales de la Segunda Guerra Mundial, el oficial nazi Radek fue el encargado de hacer desaparecer cualquier evidencia del Holocausto. La investigación adquiere tintes personales cuando Gabriel, gracias a unos dibujos del diario de su madre, reconoce en Vogel no sólo al sádico Radek sino al hombre que casi la asesina en el campo de concentración. Pero todo se complica para Gabriel cuando Vogel recibe ayuda, tanto de la CIA como del mismo Vaticano. Cada descubrimiento le conducirá a nuevas preguntas, y cuando finalmente empieza a emerger la verdad ésta será más terrible de lo que inicialmente podía imaginar: la operación Aktion 1005

Con este nombre (también llamada Sonderaktion 1005 o Enterdungsaktion “acción de exhumación”) se bautizó el plan secreto llevado a efecto por los nazis cuando comenzó a filtrarse información del Holocausto más allá de las fronteras del lll Reich. Una operación, cuyo nombre en clave tiene su origen en el número de expediente 1005 utilizado en la correspondencia entre Heinrich Muller, jefe de las SS, y Martin Luther, miembro de la oficina de extranjeros.

Su objetivo: borrar toda evidencia de los asesinatos masivos llevados a cabo en los campos de concentración. El verano de 1942, Paul Blobel, coronel de las SS, y con un largo historial de asesinatos en la retaguardia del frente (su unidad realizó la matanza del barranco de Babi Yar, a las afueras de Kiev, donde fueron ejecutados en sólo dos días más de 30.000 judíos) comienza a desenterrar cadáveres de las fosas comunes del campo polaco de Chelmno e incinerarlos al aire libre. No menos de  152.000 personas fueron asesinadas, principalmente judíos del gueto de Lodz y sus alrededores, junto con gitanos polacos, algunos judíos checos, húngaros y polacos y prisioneros de guerra soviéticos.

En el campo de Treblinka la operación se inició en marzo de 1943. Un grupo de prisioneros judíos llamados “Sonderkommando” (comandos especiales que realizaban las desagradables tareas que no querían los SS) fueron los encargados de exhumar los cadáveres, apilarlos en largas vigas de hierro o madera, rociarlos de combustible y al final prenderles fuego. Con el fin de mantener en secreto la operación, llamada la “Solución Final” por los dirigentes nazis, estos ”Sonderkommando” corrieron la misma suerte que sus compañeros una vez terminada.

Tanto en Treblinka como en el resto de campos de exterminio, finalizadas las macabras tareas, se araban y sembraban las tierras para que fuese casi imposible hacer un recuento de las personas asesinadas. Es por tanto muy difícil conocer la cifra real, pues además se perdieron o fueron destruidos gran cantidad de registros.

Sirva como dato estremecedor (hay más adjetivos posibles) que las estimaciones sitúan entre 850.000 y 1.100.000 el número de personas que fueron conducidas, en los vagones de la muerte, hasta Treblinka. Sólo unas 100 consiguieron sobrevivir como testigos de lo que allí ocurrió…

Treblinka_Rail_tracks“Lo que ha sucedido es un aviso. Olvidarlo es un delito.

Fue posible que todo eso sucediera y sigue siendo posible

que en cualquier momento vuelva a suceder.”

Karl Theodor Jaspers (Psiquiatra y filósofo alemán)

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