El niño con el pijama de rayas (John Boyne)

"Como decíamos ayer". Así, parafraseando a Fray Luis de León (quien pronunció, en 1576, esta famosa expresión el día que recuperó su cátedra de la Universidad de Salamanca, tras pasar los cinco años anteriores encarcelado por la Inquisición -y casi cuatro siglos después, Miguel de Unamuno, cuando recuperó su cátedra, también en Salamanca, tras volver de su destierro por la dictadura de Primo de Rivera-), quería volver a saludar a todos los que me seguís (casualmente desde hace más de cinco años), publicando una nueva recomendación, tras estas últimas semanas de destierro... por vacaciones 😉

Espero que las hayáis disfrutado tanto como yo.

Bueno, a lo que toca, y siguiendo con mi línea editorial de recomendar un libro y posteriormente, el viaje al lugar donde se desarrolle la trama de dicha novela, para este post quería traeros una dramática historia que transcurre también en Polonia, y recordándoos los últimos posts publicados, todos dedicados a este bello país:

Supondré que todo el mundo ha leído (o, al menos, ha visto la película basada en él), un libro que, sin duda, rebosa inocencia; esa que solo se tiene cuando eres niño y luego perdemos (aunque no debiéramos); esa inocencia que afortunadamente te impide ver los horrores del mundo que nos rodea: “La niñez se mide a través del sonido, olores y observaciones antes de que aparezca la sombra oscura de la razón.”

¿Recordáis vuestra tierna infancia? ¿Os han contado alguna vez anécdotas de cuando eráis niños y os habéis dado cuenta de lo distinta que puede ser la realidad de vuestros infantiles recuerdos?

Pues esta novela intenta reflejar justamente eso, una realidad atroz vista desde la completa inocencia que contienen los ojos limpios de un niño de nueve años, Bruno.

Eso sí, por si acaso sois de esa pequeña minoría que todavía no habéis disfrutado de sus páginas, os contaré lo indispensable sin hacer demasiada alusión a su contenido, pues es una de aquellas historias en las que es mejor adentrarse sin conocer nada de ella: la historia de Bruno comienza cuando le comunican que se tiene que mudar y dejar atrás a sus más mejores amigos para toda la vida, su enorme casa y su precioso barrio de Berlín. Podría ser una historia como cualquier otra, pero no lo es en este caso por el nuevo destino al que la familia de Bruno se traslada: Auschwitz, o como lo pronunciaba Bruno, Auchviz.

Conforme va avanzando la trama, el lector (a diferencia de Bruno) sigue viendo el mundo de este a través de sus ojos limpios, pero conociendo y adentrándose en la durísima realidad que está viviendo el niño, mejor dicho, en la que vive su nuevo amigo, “el punto que se convirtió en una manchita que se convirtió en una figura que se convirtió en un niño”, un niño que siempre va con un pijama de rayas. Y, en mi opinión, ese es el gran mérito del autor.

En resumen,  un libro imprescindible que todo el mundo debería leer, y que nos aproximará a uno de los momentos más trágicos de la humanidad, una parte de nuestra historia que no debe caer en el olvido para evitar que vuelva a ocurrir. Y nos muestra lo limpia que es la mente infantil, pureza que el mundo adulto se encarga de corromper poco a poco.

Como recomendación, regalad esta novela a todos aquellos adolescentes y preadolescentes que conozcáis, pero también a todos aquellos adultos que os conste que no han visto la película ni leído el libro. No es muy largo y se lee muy fácil y rápido, reflejando la poca complicación y profundidad de una mente de nueve años. Pero llega al corazón y deja una marca inolvidable. El que no llore, o al menos se acongoje, es porque no tiene sentimientos.

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