El silencio de los corderos

Como ya adelanté en post anterior, voy a abrir una nueva línea de novelas recomendadas y sus estupendas adaptaciones al cine o a serie. Sé, por adelantado, que en algunos casos coincidiremos en nuestra crítica y en otros no tengamos la misma opinión. De todos modos, quiero comenzar estas recomendaciones con una novela y película con la que casi al 100% coincidiremos todos: El silencio de los corderos.

El libro resulta ser una secuela de El Dragón Rojo, donde su autor, Thomas Harris, cimentó para siempre al personaje de Hannibal Lecter (sin duda, ahora que está en alza, el más antivegano de todos los comensales: “A mí no me interesan los corderos, solo me los como”)

Y catapultó a Anthony Hopkins como su mejor interpretación posible, en un antológico duelo con Jodie Foster. Una cinta dirigida por Jonathan Demme en 1991 que se llevó el Óscar al mejor director, amén del de mejor película, mejor actor, mejor actriz, y al mejor guion adaptado (Ted Tally), un hito que solo han conseguido Lo que sucedió aquella noche, en 1934, y Alguien voló sobre el nido del cuco, en 1975.

Por comentar alguna diferencia destacable de la adaptación (por otro lado, muy fiel al original, para mí de las mejores a plantearos) es la ausencia de la relación entre la agente Starling (Jodie Foster) y su jefe, Jack Crawford (papel que interpretó Scott Glenn), en la cinta. Cinta que por cierto, para mí, debe guardar un sitio destacado en el olimpo de mejores películas de todos los tiempos. Y si alguien no está de acuerdo, que lo diga ahora o calle para siempre.

Para finalizar, quiero quedarme con una cita de la novela y que como máxima vital bien nos podría valer a todos, aunque en boca de Sir Anthony Hopkins ponga los pelos de punta:

“Es importante cada día probar cosas nuevas.”

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