Estocolmo (I): viaje y llegada

“¡Sueco, sueco, sueco, sueco!...”

Con esta exclamación coral bien podríamos estar hablando de una mítica escena de la película de culto, para algunos de mi generación, llamada El Sargento de Hierro (estrenada en 1986 como Heartbreak Ridge y en Hispanoamérica El guerrero solitario), donde el regimiento lleno de testosterona a cargo del temido sargento Highway (encarnado, como no, por el fabuloso Clint Eastwood) llamaba de este modo a un gigante de dicha nacionalidad (Johansson para los nostálgicos) para que, a dicho duro sargento, “le arrancara la cabeza y se cagara en su cara”

O bien podríamos estar hablando de mi “pandilla de toda la vida” y con dicha exclamación, estar refiriéndonos a uno de sus muy queridos miembros, ya que es hispano-sueco (o sueco-hispano ya que el orden de los factores no altera el producto y además, como por ejemplo, en algunas religiones, deberíamos conceder el privilegio de dicho orden gracias a la madre).

Bien, pues a este amigo ¡sueco, sueco, sueco…! (perdón, me he ido a la escena de la película de nuevo) se le ocurrió la buenísima idea de organizar, por uno de sus cumpleaños (si no digo su nombre porque me comentó que prefería vivir en el anonimato, tampoco diré sus años ;)), un viaje con toda la pandilla/banda/regimiento a su país materno y a su capital, Estocolmo.

Y para allá que nos fuimos, en junio de este mismo año, casi quince matrimonios (y digo casi porque el miedo a volar dejó lamentablemente en tierra a una de las integrantes) para disfrutar y conocer la bonita ciudad escandinava, en un fin de semana que quedará grabado para siempre en la memoria de todos los afortunados que pudimos apuntarnos.

Eso sí, alguna intendencia del viaje (ajena por supuesto al organizador), mejor olvidarla: como los retrasos en la ida y vuelta de los vuelos (es lo que tiene viajar en low cost, donde además del coste, el servicio también suele ser bastante low), o los taxis (no me podía imaginar que, en un país tan civilizado, también existan los taxis piratas, pero, como las meigas, “haberlos, haylos”. Cuidado y preguntad antes de montaros cuánto os van a cobrar… “y que no se hagan los suecos”).

Bueno, aparte de estas dos cuestiones negativas y puntuales, lo primero a contar, nada más pisar suelo sueco (¿a qué ahora os sale también decirlo varias veces?), es que, al ir en junio (fuimos el finde que se celebraba el solsticio de verano) llegamos de noche, pero realmente, en estas latitudes, no es una noche como uno esperaría, ni siquiera acaba de irse el sol salvo un par de horas. Aun así, o gracias a ello, la ciudad bien merece un paseo “nocturno” (en nuestro caso, tras una pantagruélica –menuda palabreja- cena de rica gastronomía del país en pleno casco histórico, en el Magnus Ladalas; y reencuentros con los de la pandilla que se expatriaron de Madrid).

Como muestra de lo bonito de la noche en Estocolmo un botón:

Otras fotos que adjunto:

Tras el paseo, y dada la hora que se nos hizo, nos recogimos a nuestros "aposentos" para coger fuerzas para el sábado. En nuestro caso, nos dividimos, unos fueron al hotel At Six y otros fuimos al Downtown Camper by Scandic.

Los que me soléis seguir sabréis que normalmente no suelo comentar los hoteles donde me he alojado (si me pagan lo haré con gusto) pero en este caso he hecho una excepción; de esta manera, mis amigos podrán recordar este viaje y posts como si fuese un cuaderno de bitácora. A nosotros nos gustó mucho el Downtown Camper: moderno, bonito, muy bien situado del centro para poder andando a cualquier sitio, precio razonable, como no, con una sauna enorme; y, sobre todo, con un desayuno espectacular.

Después de un generosísimo desayuno (¿a qué es imposible contenerse en un espléndido buffet?), recorreríamos el centro histórico de Estocolmo, con nuestro amigo y anfitrión haciendo de guía… pero eso lo dejaré para el siguiente post.

Mvh

PD: Mvh significa "Med vänliga hälsningar" es decir, con cordiales saludos. Si queréis ir a Estocolmo hay que comenzar a ser como Clint Eastwood, y empezar a "darle" al sueco, sueco, sueco...

Un comentario en “Estocolmo (I): viaje y llegada

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