Estocolmo (II): Gamla Stan o Centro Histórico

Siguiendo con nuestro viaje a Estocolmo (ver post llegada), el sábado por la mañana, nos dirigimos al centro o casco histórico de la capital sueca, cruzando uno de los 57 puentes que conectan las catorce islas que hacen de esta ciudad una de las más bonitas de Europa, destacando las callejuelas empedradas de Gamla Stan, el precioso casco antiguo o ciudad vieja de Estocolmo que se encuentra en la isla de Stadsholmen, y donde podrás ver el Parlamento, el Palacio Real o la Catedral.Eso sí, si voy a hablar del centro histórico, antes de ir mencionando cada uno de los edificios en que debemos fijarnos, vendría bien conocer previamente un poco de la historia de esta ciudad: los orígenes se remontan al año 1252. Birger Jarl, un marino sueco, erigió las primeras edificaciones en una pequeña isla a la que llamó Gamla Stan. Su objetivo era ayudar a evitar las invasiones extranjeras en Suecia. La ciudad consistía entonces en un fuerte a través del cual se controlaba el tránsito marino en el mar Báltico y el Mälaren. Treinta años después, era la mayor ciudad de Suecia y en 1419 fue proclamada como la capital de Suecia.

Un par de siglos más tarde, en pleno apogeo de la modernidad en Europa, Estocolmo se consolidó como una de las urbes de intercambio cultural y socioeconómico más importantes de la región (construcciones palaciegas y edificios nobles llenaron la capital, entre los que cabe mencionar la construcción del Palacio Real). Después de un período de pérdidas y de ser opacada por el surgimiento de otras urbes importantes en Europa, comenzó, en el siglo XIX una época en la que el país se esforzó por resurgir: de este período datan obras arquitectónicas únicas como el edificio de la ópera de Estocolmo, la Ópera Real y la apertura de importantes universidades, como el Instituto Karolinska. En el siglo XX toda la ciudad fue reformada, volviéndose una urbe más moderna y cosmopolita, dotada de una importante infraestructura tecnológica (metro, del que hablaré más tarde), consolidando definitivamente a Estocolmo como una de las ciudades más hermosas y turísticas de todo Europa.

Una vez conocida la historia de la ciudad nos acercaremos, como decía, cruzando uno de sus famosos puentes, y desde el cual comenzaremos a disfrutar de algunas vistas preciosas de algunos edificios emblemáticos:

Llegaremos así hasta el Palacio Real: donde se encuentra la residencia del rey de Suecia y, por supuesto, cuenta con una ubicación estratégica junto al mar (pensada para divisar posibles ataques) con bonitas vistas de otros importantes edificios como por ejemplo, el Parlamento.

Seguiremos por las calles empedradas hasta la plaza Stortoget (Plaza Mayor), donde nos empapamos de su atractivo medieval y edificios góticos, destacando sus dos famosas casas, una amarilla y la otra roja (esta última se llama Schantzka Huset, y es una construcción del año de 1650, adornada con figuras de soldados romanos) y la gran importancia histórica de esta plaza en la historia de Suecia debido al famoso “baño de sangre de Estocolmo”, que se produjo en 1520, durante el cual muchas cabezas fueron cortadas por orden del rey danés Cristián II.

También se encuentra allí el Museo dedicado a los Premios Nobel, antigua Bolsa y donde se anuncian los premiados (se entregan en el Ayuntamiento, del que hablaré más tarde)

En esta zona de Estocolmo, amén de ser el epicentro turístico de callejuelas, tiendas y cafés, se encuentran edificios de renombre, como la Catedral:

Conocida como Storkyrkan o Iglesia de San Nicolás, la Catedral de Estocolmo representa uno de los atractivos de la ciudad. Si bien fue construida hace más de 700 años (gótica), de su época original sólo se conservan algunos muros y hacia el año 1740 fue remodelada adquiriendo su actual estilo barroco.

En el interior, destacan sus obras de arte clásicas como es el caso de la escultura de madera de San Jorge y el Dragón del siglo XV. Por cierto, es luterana (=protestante) y ello implica algunas diferencias con las católicas ¿Cuáles? A título informativo se suele pensar que la iglesia católica venera tanto a vírgenes como a santos y la protestante no, aunque esto no es realmente del todo cierto (hemos comentado a San Jorge ¿no?). Las diferencias son quizás más sutiles: por ejemplo, en una iglesia o catedral protestante no verás confesionarios porque no confiesan sus pecados ya que dicen que los sacerdotes son hombres igual de pecadores (sin comentarios), la eucaristía es diferente, los servicios religiosos (en la iglesia católica se llama misa, los protestantes lo llaman servicio o culto) los prestan pastores que tienen obligación de celibato (por cierto, solo hay dos sacramentos: bautismo y la mencionada eucaristía. Aunque la principal diferencia es menos visible: los protestantes creen en la libre interpretación de la Biblia, lo que conlleva muchos matices…

Bueno, volviendo a la visita de la ciudad vieja o Gamla Stan, en nuestro caso, nos acercamos (ya era mediodía) a ver el cambio de guardia en el Palacio Real, donde nos llamó poderosamente la atención un vikingo igualmente poderoso, tal y como se puede ver en las fotos:

Después del paseo, nos acercaríamos hasta el Grand Hôtel, residencia de los nobeles que visitan Estocolmo cuando se celebran sus famosos premios. Y dentro, nos esperaba una de las enormes y suculentas sorpresas del viaje: donde un fantástico salón estaba preparado para una de las mejores comilonas que yo recordaré, y un generosísimo buffet de gastronomía sueca (no faltaba una inmensa mesa de variedades del salmón por supuesto) que fue devorado por todos los amigos que nuestro sueco, sueco, sueco (ver post anterior) había invitado a tan magno homenaje.

Después nos arrastramos hasta otra zona de la ciudad, pero eso será historia y digestión para otro post.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.