Estocolmo (IV): el mar y sus barcos

Una de las características geográficas que habíamos comentado de Estocolmo es que está repartida en 57 islas. Te gusten o no los barcos, una de las cosas que debes hacer si pasas por la ciudad es montarte en alguno de los muchos tranquilos cruceros que navegan sus aguas y disfrutar de la ciudad, sus bahías, canales, puentes e incluso playas desde el mar.Nosotros hicimos el paseo de 2 horas y 15 minutos que te da una visión completa de Estocolmo y que ofrece mediante audioguía información muy útil para contextualizar Suecia y Estocolmo desde la historia, la política, la sociedad o la ecología y entender por qué es una ciudad modelo para el mundo entero

Si solo puedes hacer un paseo en barco por Estocolmo este debería ser tu primera opción. La salida es desde Strömkajen, justo enfrente del céntrico hotel Grand Hôtel Stockholm y pasarás bajo 15 de los puentes que unen las 14 islas de la ciudad, viendo en primer lugar el barrio centro Norrmalm y desde su orilla, la arquitectura elegante y señorial (francesa) de este barrio.

Verás Gamla Stan y algunos importantes edificios ya comentados (ver post)

También verás la isla verde de Djurgården, donde divisaremos el llamativo edificio del Museo Vasa (lo comentaré más tarde) y la superficie natural del parque Skansen.

Disfrutarás de las vistas del vistoso parque de atracciones Gröna Lund, ubicado a orillas del agua que regala a Estocolmo, y que representa una estampa colorida y encantadora de esta ciudad.

Podrás también atravesar una de las presas (sluss en sueco) que nivelan el agua del Mälaren y del Báltico.

Así como el barrio sostenible de Hammarby Sjöstad (e incluso a lo lejos la pista de esquí situada en plena ciudad), y las islas de Stora y Lilla Essingen. Un Estocolmo mucho más vanguardista y funcional, paradigma de ciudad sostenible con un sistema avanzadísimo de reciclaje que conecta las propias casas con plantas de residuos, en entornos tranquilos donde se respira naturaleza, deporte y hasta playas.

Llegaremos al Ayuntamiento y volveremos al punto de partida

Desde allí, el Grand Hôtel, nos acercamos a conocer, antes de ir al aeropuerto, una de las visitas obligadas de la capital sueca: el Museo Vasa

Alberga nada menos que la única nave de guerra del siglo XVII que se ha conservado por completo. Verla en vivo y en directo es una experiencia inolvidable.

¿Cuál es su historia? El 10 de agosto de 1628, el gran buque de guerra (tenía tres palos, podía llevar hasta diez velas, medía 52 metros de la punta del palo mayor a la quilla y 69 metros de proa a popa, y pesaba 1200 toneladas. Cuando se terminó, fue el navío de guerra más poderoso jamás construido) zarpó desde el puerto de Estocolmo. Era el recién construido Vasa, bautizado por la dinastía gobernante, los Vasa (se construyó por orden de Gustavo Adolfo II).

Para conmemorar tan solemne ocasión, se dispararon salvas de honor desde sus cañones. Pero, cuando el buque se deslizaba lentamente hacia la bocana del puerto, una repentina ráfaga de viento comenzó a soplar. El Vasa se escoró, pero logró corregir su rumbo (el rey quería más cañones de lo habitual a bordo, lo que supuso una superestructura muy alta, con dos cubiertas para cañones). Una segunda ráfaga golpeó el costado del barco, sin embargo, el Vasa era demasiado pesado en la parte superior, y sus 120 toneladas de lastre no fueron suficientes y el agua comenzó a entrar por las cañoneras. El barco se fue a pique y al menos 30 miembros de un total de 200 que componían la tripulación se ahogaron.

El Vasa tardaría 333 años en volver a ver la luz, y cuando lo hizo (en 1961) el fondo fangoso había conseguido mantenerlo en muy buen estado. Junto con el Vasa se recuperaron cerca de 14.000 objetos de madera perdidos, incluidas 700 esculturas, que se conservaron individualmente y luego se volvieron a reunir en su ubicación original en el buque. La tarea fue como resolver un rompecabezas. Entre ellos, se encontraban los esqueletos de miembros de la tripulación, así como sus pertenencias y los aparejos del buque. Y entre el fango y los sedimentos del casco, también se encontraron las seis velas que no estaban arboladas en el momento del desastre (como curiosidad son las velas más antiguas que se conservan).

Sin duda, la guinda del pastel de Estocolmo y la inmejorable despedida de un fabuloso viaje con amigos… Hej då!

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