La Fiesta del Chivo (Mario Vargas Llosa)

lafiestachivoEsta semana os presento un clásico (bueno, los “entendidos” dirán narrativa contemporánea), La Fiesta del Chivo, escrita por el premio nobel Mario Vargas Llosa, y cuya trama supone la radiografía del régimen dictatorial dominicano de Rafael Leónidas Trujillo (alias el Chivo).

La novela se divide en tres cuerpos que se van entremezclando, tejiendo. Así, por un lado, Llosa relata la vuelta a casa después de muchos años de Urania Cabral en 1992 (justo unos pocos meses antes de que, coincidentemente, yo viajara a la República Dominicana). Urania es la hija de uno de los hombres fuertes de Trujillo, que vuelve para visitar a su padre, ya enfermo y anciano. Una visita que se convierte en todo un ajuste de cuentas con un pasado doloroso del que Urania no puede librarse; por otro lado, la obra trata el último día de Trujillo, durante la conspiración en la que es/fue asesinado (con estremecedora empatía el nobel peruano consigue captar los miedos, orgullos y derrotas secretas del poderoso dictador); y finalmente, narra la historia de los conspiradores, sus causas (los recuerdos de las diversas humillaciones sufridas) para terminar con el dictador, y sobre todo, lo que pasó con ellos después del asesinato.

Las tres historias van surgiendo, posicionándose una detrás de la otra, interrumpiendo el avance cuando en realidad quieres seguir sabiendo qué va a pasar. Y, sin embargo, al poco vuelves a caer en el nuevo hilo argumental, quedando atrapado hasta que, de nuevo, vuelve a haber un cambio de historia. Esto se va repitiendo sin orden establecido, y sin piedad, hasta el mismo final.

Ni que decir tiene que los saltos se efectúan independientemente del año que están narrando. Así, de estar leyendo qué hace Urania en 1992, se puede saltar a la noche del asesinato de Trujillo en 1961, y luego pasar al recuerdo de otro de los conspiradores protagonistas, en la década de los 50, por ejemplo. La información, pese a los numerosos saltos y la multiplicidad de personajes, llega en su justo momento y en su justa medida. Así de complejo, así de fácil, así de genial.

Además de su cuidada estructura trenzada, me llamó mucho la atención el realismo o crudeza que acompaña a todo el relato. La conversación de Urania con su padre enfermo, de nuevo el asesinato del dictador, las descripciones de las perversiones sexuales de éste, las torturas... La fiesta del Chivo está repleta de escenas donde las imágenes son tan poderosas, que a veces es preferible no tener ojos para seguir leyendo.

Para finalizar, destacar de esta obra su crítica a los estados autoritarios y a las nefastas consecuencias que acarrea vivir bajo una dictadura militar, así como la lucha por salir adelante pese a que el mundo en el que se vive lo intenta impedir.

Por poner una pega comentar que no ha sido una lectura fácil (los “entendidos” ahora mismo se estarán descojonando de mí, pero en realidad dudo seriamente que estén leyendo mi blog) y es que Vargas Llosa tiene cierta densidad en el vocabulario, y en su prosa, que hacen que algunos puntos de la lectura sean algo complicados de seguir. De todos modos, animo a todo aquel que tenga algo de tiempo, a leerla y disfrutarla.

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