La Habana: Vedado y la Plaza de la Revolución

img_3470Como ya he ido comentando en anteriores posts (La Habana: un viaje diferente y La Habana Vieja), el apartamento “compartido” donde nos hospedábamos estaba en Centro Habana, pero pegado ya al distrito Vedado, el barrio residencial más famoso de La Habana, llamado Municipio de Plaza de la Revolución (luego veréis por qué) y donde el protagonista de La neblina del ayer encuentra la maravillosa biblioteca que arranca la trama de la novela de Leonardo Padura.

Comentar en este punto que es famoso el interés de los cubanos por los libros, aún en un mundo que, contrariamente, avanza en lo digital a pasos agigantados: lo de digital ni les suena todavía. Como ejemplo cuando mencioné amazon pensaban que me refería a algo relacionado con el Amazonas. No os digo nada cuando comentamos que en España se puede pagar con el móvil, para ellos ciencia ficción dado que les ha llegado internet hace seis meses. Y no internet como nosotros lo entendemos. Me explico: las empresas pueden tener conexión (limitada y por supuesto "controlada") pero el resto solo puede disponer de internet en determinados sitios públicos (algunas plazas y parques) previo pago de unas tarjetas. Era curioso ver a mucha gente (la privilegiada "clase media") que se enganchaba con sus teléfonos chinos en medio de la calle.

Sobre el tema de los libros hablé con varios habaneros y los comentarios fueron, como poco, muy curiosos: por ejemplo, les pregunté si la teórica censura afectaba a los libros que podían leer o comprar ¿la respuesta en todos los casos? No existe censura, pueden leer cualquier libro. Claro, esto es curioso si tenemos en cuenta que, en el fondo, tienen razón, pueden leer cualquier libro… que entre en la isla… y excepto si es estadounidense… Y no os vais a imaginar lo mejor y más irónico de esta afirmación, cuando pregunté por qué no leían libros norteamericanos, la respuesta fue literalmente “porque tenemos hecho un bloqueo a todo lo estadounidense”. Os prometo que todavía tengo la misma cara de estupefacción que les puse: con nocturnidad y alevosía, ELLOS son los que hacen el bloqueo a EE.UU… NO AL REVÉS, con dos coj****.

Bueno, que me disperso, volviendo al recorrido turístico, Vedado es un barrio que debe su expansión y desarrollo a los años 1920 y 1950 por lo que seréis testigos de un ambiente muy norteamericano en su arquitectura, y también donde se encuentran los más famosos hoteles de la ciudad (el ya mencionado Hotel Nacional, o el Hotel Habana Hilton, rebautizado como Hotel Habana Libre, y donde, en 1959, Fidel Castro entró con su ejército de revolucionarios y se instaló. Como curiosidad, los cubanos no se pueden alojar en ese hotel... no hay más preguntas señoría).

Nosotros lo primero que hicimos fue acercarnos hasta el callejón Hamel, ya que lo teníamos a un par de manzanas. Se trata de uno de los principales focos de cultura afrocubana que hay en La Habana y donde empezó a gestarse (finales de los 90) este proyecto cultural comunitario que ha dado como resultado una especie de galería al aire libre (en mi opinión muy sobrevalorada ya que no verás realmente contracultura ninguna).

Después tocaría ver la Universidad neoclásica de La Habana, donde destaca, en lo alto de la escalinata, una majestuosa escultura del Alma Mater.

Luego, tocaría acercarse hasta un parque donde se encuentra la famosa heladería Copelia. Lo primero que nos llamó la atención fueron las largas colas para poder comprar un helado. Pero lo llamativo es que esas colas solo son para los habaneros: los extranjeros no tenemos que esperarlas… (¿discriminación al cubano de nuevo?) sorprendentemente porque no te dejan entrar en el edificio principal… sin consumir antes (eso sí, en otro pequeño kiosko ex profeso para guiris). Una vez consumido, entonces sí pudimos visitar (no pedir) la conocida heladería. Sin duda, todo un poco raro.

Tras el rico helado, caminamos bastante, para llegar a uno de los lugares emblemáticos de La Habana: la Plaza de La Revolución es una descomunal explanada de cemento de 72.000 metros cuadrados (en ella han llegado a congregarse un millón de personas) y el escenario de varios de los actos y acontecimientos principales de la Revolución de Cuba.

Fue obra del urbanista francés Jean Claude Forestier en la década de 1920, la cual fue conocida como Plaza Cívica hasta 1959. La plaza fue construida sobre una colina y actualmente se encuentra rodeada de edificios gubernamentales (el Ministerio del Interior, famoso por el enorme mural del Che Guevara que muestra en su fachada, y la conocida frase “Hasta la Victoria Siempre”; el Ministerio de telecomunicaciones con la imagen del guerrillero Camilo Cienfuegos; la Biblioteca Nacional José Martí; y en el lado oeste se halla el Teatro Nacional de Cuba).

En el centro de la plaza se encuentra el Memorial a José Martí (ya hablé de él en La Habana Vieja, donde tendréis buenas vistas de La Habana

Tras la visita (no nos encontramos mucha gente, la plaza parece un gigantesco parking de Carrefour, sin coches), tomamos de nuevo un taxi (en este caso ¡un Dodge de 1948!), y donde nos enteramos del curioso sistema hereditario-privado de aquellos fantásticos y gigantescos coches estadounidenses que hacen de transporte público a turistas y a los propios habaneros. Y es que, como podréis ver  a lo largo de vuestra estancia en la Habana, salvo por unos cuantos viejos Ladas que el Gobierno ruso vendería a buen precio, la declarada antifascista americana capital cubana está infestada de gigantescos vehículos yankees (un ejemplo de la hipocresía que os comentaba en el primer post). Eso sí, todos anteriores a la llegada de la Revolución que cambió la isla, para siempre, en 1959, y por tanto, mantenidos como pueden pero en manos privadas que se los repartieron entre algunos de los vencedores (¡hasta la victoria siempre!), lo que no deja de ser también curioso y sobre todo contradictorio.

Nos acercó hasta el Barrio Chino (no merece mucho la pena, en mi opinión), y de allí nos acercamos de nuevo a la Habana Vieja.

Comimos espectacularmente en el patio interior del restaurante-paladar Hanoi (Calle Teniente Rey esquina Bernaza) para deambular toda la tarde, otra vez, por el centro histórico.

Os dejo unas fotos a modo de despedida de esta serie de post dedicados a la capital cubana. Espero que os haya gustado, y si ha sido así, compartidme en vuestras redes sociales.

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