La Habana Vieja

img_3342Antes de nada comentaros que, en mi opinión, la mejor opción para acercaros a conocer la Habana Vieja es, sin duda, hacerlo acompañados por un guía local: amén de no ser muy caro, la clase de historia (a mi mujer, al que os escribe y, sobre todo, a mis hijas) merece sin duda los CUCs pagados, sin contar con poder, de nuevo, conversar con una habanera y conocer de primera mano sus opiniones (aquí os diré que lo que os encontraréis siempre es una frase muy manida: “no pueden quejarse”, y con todos los significados que la misma conlleva).

Bueno, en este punto me centraré en mostraros la encantadora Habana Vieja que visitamos guiados y que muchos conocéis, recorriendo sus principales rincones turísticos.

Como nosotros nos alojábamos en Centro Habana, la guía pasó a buscarnos directamente. Y con ella, nos dirigimos por la calle Neptuno hasta el Paseo de Martí, amplio boulevard que separa la Habana Vieja de Centro Habana. Lo primero, en el parque Central, el monumento a José Martí: el alma pater de Cuba, y político republicano democrático, pensador, escritor, periodista, filósofo, poeta, creador del Partido Revolucionario Cubano y organizador de la Guerra del 95 o Guerra Necesaria, llamada así a la Guerra de Independencia de Cuba de España, “la madre patria”, que finalizó en 1898.

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Después tocaba adentrarse en el casco antiguo e histórico de la Habana (declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1982) por la calle Obispo.

Podréis ver, en una esquina, donde comienza esta calle, el famoso Bar Floridita: cuna del daiquiri y donde, en su interior, una estatua de bronce de Ernest Hemingway apoyado en la barra da fe de la estancia del autor y de cómo este se bebió entera la ciudad entre libro y libro.

Si recorréis la emblemática calle Obispo (peatonal en un gran tramo) podréis ver muchos comercios, y sobre todo librerías (hay de todo... lo que se ha dejado importar). Siguiendo la calle Obispo llegaremos a la Plaza de Armas, el centro oficial y primero de la Habana. Esta plaza fue trazada en torno a 1520 y en su centro podréis ver una estatua de Carlos Manuel Céspedes (quien inició el camino hacia la independencia de Cuba levantándose en armas contra los españoles en 1868) Destaca en la Plaza el Palacio de los Capitanes Generales (actual Museo de la Ciudad), el Palacio de los Condes de Santovenia, que data de finales del siglo XVIII y que actualmente alberga el Hotel Santa Isabel de 5 estrellas, y el monumento El Templete, una pequeña capilla dórica de estilo neoclásico, construida en 1828, en el mismo lugar donde se celebró la primera misa de La Habana, debajo de una ceiba (como podréis ver en la correspondiente foto, están teniendo problemas con la nueva ceiba que han plantado para sustituir a la anterior)

Pegado a la Plaza de Armas veréis el Castillo de la Real Fuerza, la fortaleza más antigua en pie de todas las Américas (construida entre 1558 y 1577), y desde donde podréis ver, en la otra orilla, el famoso Cristo de la Habana o el Castillo de los Tres Reyes del Morro, así como toda la fortificación que rodea este canal de entrada en la Bahía de la Habana

Seguiremos nuestro camino perdiéndonos (es un decir, porque os recuerdo que íbamos con guía) hasta la siguiente plaza importante de La Habana Vieja: la Plaza de San Francisco de Asís. Comentar a este respecto que La Habana es diferente de otras ciudades coloniales españolas: en lugar de desarrollarse sobre una plaza principal, lo hizo sobre cuatro; la de Armas como centro militar, la mencionada como puerto principal, la Plaza Vieja como eje comercial y la de la Catedral como centro religioso.

La Plaza de San Francisco de Asís era y es el puerto principal, hoy convertido en parada de los grandes cruceros que desembarcan miles de turistas en la isla. Fue totalmente restaurada durante finales de la década de 1990 y de ella destaca su adoquinado irregular, la Fuente de Los Leones, hecha en mármol blanco, la mencionada Terminal Sierra Maestra de cruceros, y la Lonja del Comercio, cubierta por una cúpula.

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Callejeando, y muy cerca llegaremos a la Plaza Vieja, donde se trasladó el centro comercial. Diseñada en 1559, es la plaza más ecléctica desde el punto de vista arquitectónico de La Habana, y en ella el barroco cubano convive con el art nouveau de inspiración gaudiniana (es difícil la palabreja ¿verdad?). Podrás encontrar también en dicha plaza la interesante Cámara Oscura, un ingenioso dispositivo óptico donde admirar las vistas de la ciudad desde lo alto de su torre de 35 metros (ya hablé de este mecanismo cuando visitamos Torre de Tavira en Cádiz)

Y finalmente llegaremos a la última plaza: la Plaza de la Catedral, un auténtico museo del barroco cubano, ya que todos los edificios ubicados en ella, incluida la Catedral, son del siglo XVIII.

Muy cerquita de esta plaza se encuentra la célebre Bodeguita del Medio, una taberna-restaurante famosa por sus mojitos ya que de los mismos vivía también Ernest Hemingway. Está siempre a tope, y aunque es parada obligada, según nos dijeron algunos habaneros, no es donde sirven los mejores mojitos.

Tras la visita a las principales plazas, llegaría el turno de callejear hasta acercarnos hasta el antiguo Palacio Presidencial (hoy Museo de la Revolución), en cuya entrada hay un trozo en pie de la antigua muralla que rodeaba todo el casco histórico, y ver por fuera el Memorial Granma (que acoge a un grupo "valioso" de piezas históricas vinculadas con la guerra de liberación y con las batallas posteriores del pueblo cubano en defensa de su soberanía e independencia, entre ellas, el histórico yate Granma, que trajo a Cuba, desde México a los jóvenes del Movimiento 26 de julio, que iniciarían la lucha guerrillera en la Sierra Maestra bajo las órdenes de Fidel Castro).

Después tocaría recorrer de nuevo el Paseo de Martí hasta llegar al Gran Teatro Alicia Alonso (en honor de la más famosa bailarina cubana), y alcanzar el Capitolio (se parece al estadounidense sin ninguna duda).

Después de despedir a nuestra simpática y amable guía, y comer, dedicamos la tarde a patear de nuevo la Habana Vieja, pero esta vez a nuestro aire, simplemente perdiéndonos por las fantásticas callejuelas, visitando el museo del ron Havana Club; alucinados con los colmados o "bodegas" donde se reparten los productos racionados (al mes: 5 huevos, 5 libras de arroz, ½ libra de aceite, 1 paquete de café, 3 libras de azúcar blanca, 1 libra de azúcar morena -¿nos os decía en el post anterior que los cubanos están cincelados por algo de azúcar?-, ½ libra de frijoles, 1 caja de cerillas, 1 libra y 3/4 de pollo, leche si hay menores en casa, y 1 Kg de sal cada 6 meses) aunque también algunos productos liberados (la guía nos confirmó que con su ración y la de su marido comen sin problemas, eso sí, si no invitan a nadie a comer a casa, sic); conociendo el edificio art decó de Bacardi o visitando la embajada de España.

Os dejo algunas fotos, y alguna curiosa donde por ejemplo, se juntan tres iconos mundiales que nada tienen que ver entre sí, en una misma tienda (Ché+Real Madrid+Árbol navideño).

Antes de hacerse de noche y de camino al apartamento, nos acercaríamos de nuevo hasta el Malecón, donde un mar embravecido nos dejó espectaculares imágenes de su fuerza:

Tras el espectáculo de las olas rompiendo y cerrando el paseo marítimo tocó de nuevo tertulia con la dueña de la casa, cena otra vez en Locos por Cuba (evidentemente recomiendo este paladar) y a dormir. Al día siguiente tocaba recorrer Vedado y sus lugares más conocidos.

3 comentarios en “La Habana Vieja

  1. Ana Ibis López Vara

    Bonitas fotos Iñigo, las del malecón muy buenas y poco vistas, efectivamente se pone así. Un abrazo. Ana

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    1. idejaime

      Gracias Ana. Poniéndose así el malecón (lo tuvieron que cerrar) era pecado no acercarse para ver el espectáculo

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  2. Pingback: La Habana: Vedado y la Plaza de la Revolución – LA VUELTA AL MUNDO EN 80 NOVELAS

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