La playa de los ahogados (Domingo Villar)

PortadaLaplayadelosahogadosAhora que se acerca el verano y todos pensamos en dónde disfrutar nuestras merecidas vacaciones, (los que tengan la fortuna de tener trabajo del que disponer de vacaciones), me parece un buen día para escribir sobre un lugar muy bonito de la geografía española que todo el mundo debe conocer y disfrutar: las Rías Bajas. Pero antes, y al hilo del resto del blog, comentaré y recomendaré una novela muy interesante que transcurre en la zona gallega mencionada: el libro es de contenido policíaco y está escrito por Domingo Villar.

¿El título? La playa de los ahogados.

Una mañana, el cadáver de un marinero de nombre Justo Castelo y de apodo “el Rubio”, es arrastrado por la marea hasta la orilla de una playa (Panxón) en la Ría de Vigo. Pasando así a engrosar la larga lista de hijos del mar que encontró su tumba entre las aguas mientras faenaba. Un caso aparentemente sencillo de suicidio, primero porque hay un testigo que ha visto a Justo Castelo hacerse a la mar y segundo, el hecho de que el cadáver haya aparecido con las manos atadas (se atan para no poder nadar una vez se tiran al Atlántico).

El problema viene porque el cadáver tiene las manos atadas con una brida sujeta a la altura de los meñiques, lo que descarta inmediatamente la posibilidad de que el Rubio se haya atado él mismo las manos y, por tanto, de que se haya quitado la vida.

Sin rastro de la embarcación del fallecido, el lacónico inspector de Vigo, Leo Caldas y su ayudante, Rafael Estévez, se sumergirán en el ambiente marinero del pueblo, tratando de esclarecer el crimen entre hombres y mujeres que se resisten a desvelar sus sospechas y que, cuando se deciden a hablar, apuntan en una dirección demasiado insólita. Paso a paso a través de las preguntas que el inspector hace a compañeros, familiares y vecinos vamos conociendo a la víctima, descubrimos viejas historias de naufragios, amenazas recientes de fantasmas antiguos… la madeja aparece cada vez más y más liada, creciendo página a página y párrafo a párrafo en un puzle con demasiadas piezas que no encajan. Un asunto brumoso para Caldas, que además atraviesa días difíciles: el único hermano de su padre está gravemente enfermo y su colaboración radiofónica en Onda Vigo se está volviendo insoportable. Tampoco facilita las cosas el carácter impulsivo de su ayudante aragonés, que no acaba de adaptarse a la forma de ser del inspector.

El autor consigue que vayamos barajando las distintas posibilidades junto a los policías, siguiendo diversas pistas por otros pueblos pesqueros cercanos a Panxón, y aprendiendo cómo las cosas casi nunca son lo que parecen. Al mismo tiempo que el caso va complicándose la situación va sumiendo al inspector y al lector en un continuo desasosiego bien empapado por el ambiente lluvioso y gris de la costa gallega, hasta el punto de que no puedes imaginarte esta novela situada en cualquier otro escenario (la novela se caracteriza principalmente por su marcado acento gallego: su mar, sus gentes, sus fantasmas, sus supersticiones, y su gastronomía).

En cuanto a los protagonistas de la novela, este libro es el segundo caso del inspector gallego Leo Caldas, tras Ojos de Agua. El personaje está excelentemente definido y elegido por el autor, aunque debo reconocer que su forma de ver y entender el trabajo, las relaciones con su padre, y la que mantiene con sus compañeros de profesión (especialmente su ayudante) requeriría sin duda un complicado psicoanálisis (a los que os gusten las novelas negras me permitiréis una osada comparativa, para los que no hayáis leído ni la primera ni esta segunda novela de Domingo Villar, el personaje Caldas es a Vigo lo que el Carvalho de Vázquez Montalbán a Barcelona).

Además del inspector, la novela cuenta con un secundario de lujo, el policía y ayudante mencionado ya, Rafael Estévez, un genial personaje que se encuentra en la comisaría de Vigo como un pulpo en un garaje y que no acaba de comprender ni encajar en la peculiar idiosincrasia gallega, haciendo de contrapunto maño al especial carácter gallego de todos y en especial de su jefe Leo Caldas. Aporta la única carga de humor e ironía de toda la historia narrada, pero sirve para que el autor (Domingo Villar nació en Vigo) se “ría” del especial carácter indeciso de la gente gallega.

La novela cuenta además, con magníficos personajes secundarios de gran importancia para la resolución del caso, pero prefiero que los vayáis conociendo vosotros mismos, eliminando, de este modo, cualquier prejuicio erróneo que os pueda adelantar sobre cada uno de ellos.

Más allá de mi conocimiento personal y emotivo de los paisajes descritos en la novela, la recomiendo por tratarse de una apasionante trama policial, por estar muy bien escrita (la utilización de abundantes diálogos y la brevedad de los capítulos aporta dinamismo a la novela, que desde mi punto de vista tiene un ritmo perfecto para este tipo de novelas, es decir, in crescendo a medida que avanzamos en la lectura de la misma) y por su acertada descripción de la relación de amor-odio entre las familias de pescadores gallegos y el mar que les da de comer, pero que les arrebata tantas y tantas vidas. En resumen, una novela negra en todos sus sentidos, de excelente trama y mejor factura.

Por poner un pero, la novela cuenta con un detalle curioso y es que los capítulos no están numerados, sino encabezados cada uno por una palabra relacionada con el texto y sus varias definiciones. Es original y al principio las leía, pero el interés de la trama me fue enganchando, de tal modo, que a media novela ya me las saltaba de carrerilla para seguir devorando la historia que el autor me había planteado. Por tanto, perdieron su finalidad original siendo prescindibles.

Por último y, como va siendo costumbre, os dejo un enlace donde podéis encontrar la novela en amazon.

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