Muerte en Breslau (Marek Krajewski)

Tras escribir, en las últimas semanas, sobre la capital polaca, la bellísima Cracovia y el triste campo de exterminio de Auschwitz, toca el turno ahora de seguir visitando Polonia y una de sus ciudades más bonitas: Breslavia (en alemán, Breslau; en polaco Wroclaw).

Y lo haré de la mano de Muerte en Breslau, obra del polaco Marek Krajewski, una novela negra cuya trama se inicia poco después de la llegada, en 1933, de Adolf Hitler al poder tras ganar las elecciones, con el 51,7% de los votos en la ciudad (recordaremos que Breslau era alemana, capital de la Baja Silesia y la ciudad más poblada al este de Berlín, y lo fue hasta acabar la Segunda Guerra Mundial).

La novela, por tanto se desarrollará entre marzo de 1933 y 1934, uno de los períodos políticos más difíciles de explicar y entender para el “espectador” que haya nacido en generaciones posteriores (mi caso), resultando ser un viaje por los intestinos de la sociedad alemana, la cual exponía gran parte de sus trapos sucios a pleno sol, pero con un atractivo singular para el aficionado a los asesinatos, las conspiraciones, los secretos inconfesables y los personajes ambiguos.

Un viaje que haremos de la mano de un detective, Eberhard Mock; un protagonista de personalidad complicada, con sombras y luces, con valores trasnochados y otros modernos para su tiempo, que se enfrentará al caso del cruel asesinato de una joven aristócrata y su institutriz, en un vagón de tren, donde la joven ha aparecido, además de con los intestinos esparcidos por todos lados, con numerosos escorpiones vivos sobre su cadáver y unas líneas escritas con su propia sangre en un lenguaje incomprensible.

A partir de dicha dantesca escena, un perdido Mock deberá dirigir la investigación hacia un sospechoso, cabeza de turco, que él sabe nada tiene que ver con el suceso. Una decisión que tendrá su recompensa, pero cómo no, sus consecuencias para el protagonista, un antiguo masón, habitual de un prostíbulo de lujo, amante del ajedrez, tan parco en palabras como en escrúpulos y cuyo idealismo murió lustros atrás; permitiéndole pasar de puntillas por los excesos que florecen a su alrededor y aferrándose a un enorme pragmatismo para poder sobrevivir en el amenazador paisaje nazi que se le viene encima.

Krajewski hace uso de un narrador que sigue a Mock (por cierto, protagonista de esta novela pero también de otras cinco del autor) pero también a un detective más joven llegado desde Berlín. Centrándose más en los hechos que en los pensamientos, menos en la crítica directa del nazismo mediante la voz del narrador y más en recrear el ambiente opresivo de Breslau.

Precisamente uno de los fuertes de la trama ideada por Krajewski será la ambientación de aquella época, muy lograda y muy trabajada, alejándose además de los nazis al uso o de los alemanes de película y acercándose a la tradición centroeuropea (estamos hablando de La marcha Ratzesky, de Kafka, de un mundo que parecía terminado entre las trincheras de 1918 pero que todavía tenía ciertas raíces y se mezclaba con la modernidad que traían los nazis).

Otro punto fuerte será dotar a la narración de un fuerte ritmo (aunque, en mi humilde opinión, en ocasiones desigual, restando cierta fluidez en diversos momentos de la lectura), mostrando los entresijos de una sociedad que mutaba a buena velocidad, y sobre todo mostrando Breslau (le cogerá el gusto dicho autor a la ciudad ya que compondría finalmente una trilogía dedicada a esta: Fin del mundo en Breslau, y Peste en Breslau), una ciudad que adolecía de los grandes nombres, los lugares míticos, las nuevas fortunas y los entresijos del poder pero en la cual los caciques de nuevo cuño y la rancia aristocracia de provincias destacaba por encima de todo.

Para terminar, y si se permite la crítica negativa, comentar dos puntualizaciones que creo necesario destacar: la primera es que, en la novela, se destaca que la GESTAPO y las SS aparecen unidas en 1934, pero dicho hecho se produciría más adelante, siendo en aquel año las SS solo una sombra de lo que llegarían a ser. La segunda cuestión, que es una anécdota, y que es culpa de la editorial, no del autor, es que se identifica inicialmente Breslau, la ciudad donde se desarrollan las novelas mencionadas, con la actual Cracovia (Kraków), cuando es realmente Wroclaw. Alguien debería enseñar al director de marketing de la editorial a utilizar Google Maps.

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