No nos dejan ser niños (Pere Cervantes)

En los últimos años ha surgido un fenómeno dentro de la novela negra donde se destaca la presencia de mujeres como autoras o protagonistas (bien detectives o asesinas) de las tramas. A este género, llamado femicrime, pertenece la novela de Pere Cervantes que os recomiendo en esta ocasión.

No nos dejan ser niños es una novela ambientada en la isla de Menorca y se encuentra relatada en primera persona por la agente de policía María Médem.

Ésta deberá investigar junto con Roberto Rial (el responsable de la unidad de Homicidios de la central en Madrid y con el que ya había trabajado anteriormente en Barcelona), los recientes asesinatos de mujeres sexagenarias cometidos por una desconocida (desde el principio queda claro que es una mujer la autora) que va dejando tras su paso por la escena del crimen, un fuerte olor a hierbabuena mientras suena de forma reiterada, en el ordenador de las mujeres estranguladas, una canción de Raphael llamada “No nos dejan ser niños”.

Por cierto, para mí, uno de los méritos del autor de la novela es saber ponerse en la piel de una protagonista femenina durante todos sus párrafos. Aunque, para saber si lo ha conseguido de veras, deberéis ser vosotras quienes mejor opinéis. Porque además, por si fuera poco, el autor nos narrará a lo largo de la novela cómo, la agente Médem, pasa por un momento vital muy complejo: acaba de reincorporarse al trabajo tras ser madre (compaginar su vida personal con la laboral se convierte en algo muy complicado), su marido pasa largas temporadas en China y, como las desgracias siempre llegan juntas, su suegra acaba de trasladarse a su casa para convivir con ella y su hijo.

Otro punto positivo de la novela es que Pere Cervantes consigue dar un buen ritmo a través de capítulos cortos, ordenados cronológicamente por fecha y hora, con un estilo narrativo ágil, fluido y sin complicaciones. El libro consta de tres partes denominadas Veni, Vidi, Vici, describiendo de ese modo el timing de la investigación: capítulos dedicados al relato de la agente Médem intercalando otros en tercera persona con la voz del asesino, y otros que nos irán narrando la vida de Bruno, el marido de María, en Shangai.

Y sobre todo, que, con una sencilla pero muy lograda ambientación, el autor nos sumerge en las cálidas calles de Ciudadela y nos invita a un agradable tour por sus calas y alguna otra ciudad emblemática de la isla de Menorca.

Como punto negativo quizás destacaría que no es muy difícil adivinar quién está detrás de los crímenes, ya que el desarrollo de la novela pueda ser algo previsible, aunque la historia la desarrolle el autor con mucho rigor e intensidad ya que Pere Cervantes es jefe del Grupo de Delitos Tecnológicos de Castellón y cuenta con más de veinte años dentro del cuerpo policial.

En resumen, una novela sencilla, bien estructurada, que conseguirá dos objetivos en mi opinión: que el lector se meta en la historia desde el principio, y que el lector conozca la preciosa isla de Menorca en su verdadera esencia, la de su día a día alejada del mero destino vacacional de sol y arena.

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