París (II): Sacré Coeur, Montmartre y Ópera

A lo largo de mi vida, siempre había escuchado hablar mucho y bien de París, siempre había leído novelas o visto películas donde sus calles y monumentos más conocidos eran el escenario en que transcurrían sus tramas.  Quizás sea eso, que te hablen maravillas de un sitio, lo que te puede crear unas expectativas muy altas, y que yo fuera (ya con unos cuantos años) con ciertos prejuicios.

No estoy diciendo con eso que París no sea bonita (lo es y muchísimo) pero, sin embargo, tras haber tenido la oportunidad de visitar la capital francesa en dos ocasiones, en ambas, las sensaciones del viaje han sido encontradas por distintos motivos, los cuales intentaré explicar en este post y siguientes.

Sé que muchos de vosotros, fieles o no seguidores de mi blog, también conocéis la ciudad de la luz (algunos, por supuesto, mucho mejor que yo) por lo que antes de recomendar lugares que visitar (París es muy grande y con muchísimas cosas que ver, yo comentaré algunos lugares o monumentos que he conocido), debo deciros que soy consciente de que parto de la premisa (ya me ocurrió con Londres, Nueva York o La Habana, entre otras) de que, igual, no coincidimos en algunas apreciaciones o en mis recomendaciones.

Si es así, disculpadme sinceramente, animándoos a dejarme vuestros comentarios rebatiéndome. Si coincidimos, perfecto (se agradecerán vuestras opiniones a favor con más razón). Y si no conocéis París, espero que os toméis mis recomendaciones o comentarios solo como lo que son, meras recomendaciones de un aficionado a esto de los viajes.

Eso sí, como primer consejo si visitáis la capital gala, mencionaros el que acertadamente me dieron a mí antes de pisar suelo parisino: dejar la visita y subida a su emblemática Torre Eiffel para el final. Creo que merece la pena patearse antes la ciudad y conocer sus más famosos rincones, previamente a verlos desde las alturas. De este modo, cuando contemples esas magníficas vistas de París, podrás disfrutar más sabiendo y reconociendo todo lo que estás viendo y que has recorrido los días anteriores.

¿Y qué visitaría yo en primer lugar? En esta cuestión, discutiré poco (espero, como decía, que estéis de acuerdo conmigo): sin duda, lo primero que haría nada más aterrizar es acercarme hasta el Distrito IX, hasta la conocida colina de Montmartre, y subir los doscientos escalones hasta la bellísima Basílica del Sacré-Cœur (Sagrado Corazón).

Antes, para poder situarnos y localizar la colina mencionada, os dejo un mapa:

La Basílica del Sacré-Coeur es de estilo romano bizantino y está decorada con varias cúpulas, de las cuales la central mide 80 metros de alto. Comenzó a construirse en 1875, al terminar la guerra franco-prusiana en 1870 de la que Francia salió derrotada, pero no pudo ser concluida hasta el final de la Primera Guerra Mundial. Es famosa su campana, “la Savoyarde”, y en su cripta se encuentran las tumbas de los cardenales y arzobispos que comenzaron la construcción de la basílica. Sin embargo, a mí lo que me gustó más fue su exterior (la roca travertino asegura una blancura permanente del edificio a pesar de la erosión y polución) destacando el pórtico principal adornado con estatuas ecuestres de Juana de Arco y Luis IX.

Sin duda, y en mi humilde opinión, una auténtica joya de París (si planteáramos un símil futbolístico, París acababa de adelantarse en el marcador con un golazo ante mis prejuicios o expectativas de la ciudad –París, 1-prejuicios Iñigo, 0-), y que además, destacaría inevitablemente por, y sobre todo, su emplazamiento (como habéis podido comprobar en las fotos, las vistas de la ciudad son muy buenas). Situada en la colina de Montmartre, como decía, desde el principio de los tiempos esta colina ha sido un lugar de adoración y culto, para pueblos tan distintos como los druidas y los galos, o los mismos romanos con sus templos dedicados a Marte y a Mercurio.

En la actualidad, esa adoración ha continuado durante muchos años, siendo muy conocida esta localidad independiente hasta 1860 (tenía mala fama por los cabarets y burdeles que se abrieron la misma) cuando paso a convertirse en un distrito de París. Hoy en día es famoso por la aglomeración de bohemios, artistas y pintores (muchos retratistas y caricaturistas callejeros) que venden sus obras en la calle y sobre todo, en la Place du Tertre (donde, atraídos por el ambiente lúdico-erótico-festivo, numerosos artistas como Monet, Dalí, Picasso, Van Gogh, Renoir, o Degas, se acercaron y le dieron la fama y ambiente que aún rezuman sus calles empedradas, llenas de cuestas y cafés, terrazas, tiendas de recuerdos, además de restaurantes)

Después de visitar Sacre-Cour y Montmartre, una buena opción puede ser acercarte hasta la Ópera. Aunque nosotros hicimos el recorrido andando, no está cerca. Eso sí, andando podéis acercaros a ver la fachada del mítico Moulin Rouge, a mitad de camino.

Situada en el Palacio Garnier, la Ópera de París es un edificio neobarroco construido en 1875 por Napoleón III (quien quiso que se construyera una avenida desde la Ópera hasta el Palacio de las Tullerias, en el que residía, y para lo que hubo que expropiar y demoler toda una barriada). Nosotros no tuvimos de visitarla por dentro, por lo que será la excusa para otro viaje a París. De todos modos, por su belleza, si seguimos el símil futbolístico: París, 2- Iñigo, 0.

Al lado están las famosas Galerías Lafayette. En este caso, en mi opinión, fama desmerecida y exagerada. Igual, hace años (tema de la moda parisina como puntera en el mundo) era una visita obligada. En los tiempos que corren, no creo en absoluto que merezca la pena (París, 2-Iñigo, 1).

Me despido aquí hasta siguientes posts… y veremos cómo sigue este particular “partido”.

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