Sudáfrica (II): llegada y safari

Sudáfrica 047Sudáfrica o África del Sur es uno de esos viajes que uno mantiene fresco en su memoria, especialmente por aquellos que como yo, tenemos cierta pasión por la naturaleza y los animales.

Sin duda guardo el buen sabor de una deliciosa aventura por aquellas tierras lejanas: mi primer e increíble safari (fotográfico claro), la vida salvaje en estado puro,
la famosa Cape Town o Ciudad del Cabo y su inmenso carácter cosmopolita (mencionada al recomendaros Zulú de Carey Férey o Desgracia de Coetzee, y que detallaré en el siguiente post), pasando por visitar el extremo meridional del Cabo de Buena Esperanza, o poder bañarme literalmente con pingüinos...

A continuación os propongo acompañarme en mi viaje al extremo sur del continente africano:

LLEGADA

Debo reconoceros algo, lo primero que viene a mi memoria es que el viaje por Sudáfrica no empezó lo que se dice con buen pie: os cuento, tras pasar muchas horas de vuelo desde Madrid, y una vez aterrizados en Johannesburgo nos dirigimos directamente (sin pasar por la casilla de salida ya que no nos recomendaron en ningún caso Johannesburgo como parada obligada en la visita) hacia el stand de alquiler de vehículos.

Tras el rutinario papeleo nos dirigimos al parking de vehículos alquilados. Tardé unos segundos en acostumbrarme a conducir por la izquierda el Volkswagen (por cierto, desconozco cuánto contaminaba; en serio, soy inocente) polo rojo que nos dieron, pero con cierta tensión aunque sin problemas, por fin, supe salir del estacionamiento del aeropuerto… y justo al salir:

¡Sorpresa, sorpresa! En la mismita salida del parking de coches de alquiler, un policía nos dio el alto, mientras una superlativa mujer policía paraba también al vehículo siguiente… tras pedirnos la documentación  (evidentemente sabían que todos los que salíamos de allí éramos extranjeros… además, el color de nuestra piel nos delataba como un faro en mitad de la noche. “Blanco y en botella” puede cambiarse en este caso por “blanco y en coche alquilado”) y marear la perdiz… nos pidieron dinero (20 rands) por olvidarnos de la infracción (por cierto, todavía no sé cuál fue ya que ambos policías dijeron infracciones completamente diferentes).

La sensación de tonto debió de reflejarse en mi cara un buen rato por sufrir mi primera “mordida” (así llaman a este “simpático” robo en México) pero realmente no me duró mucho… hasta que ya a unos cuantos kilómetros del aeropuerto se me ocurrió preguntar a mi mujer cuánto eran 20 rands. Cuando calculó que no llegaba a 4 euros pasé del enfado a la pena por la miseria que, visto el precio del robo, nos íbamos a encontrar por el país.

Una vez concentrado de nuevo en conducir por el lado izquierdo, y por no perdernos por las extensas carreteras sudafricanas, llegamos hasta Pretoria. En la ciudad sí nos perdimos encontrando la salida y tuvimos que parar en una gasolinera (tengo que reconocer que no me atrevía a parar en ningún otro sitio) para poder seguir camino hasta nuestra primera parada, a 180 kilómetros de nuestra llegada, al Parque Nacional Pilanesberg.

PILANESBERG

Lo sé, muchos de los que visitan Sudáfrica suelen elegir el archiconocido Parque Nacional Kruger para ver animales en su hábitat natural, pero nosotros elegimos Pilanesberg por varias razones: la primera, la distancia del aeropuerto; la segunda la propia dimensión del Parque Nacional, más cómodo para una estancia corta; y la tercera, Pilanesberg está fuera de la zona de la malaria, por lo que fuimos a lo práctico.

Por cierto, el Parque ofrece una muy buena variedad de alojamiento: podéis echar un vistazo en http://www.pilanesberg-game-reserve.co.za/ , cualquiera de las opciones es buena.

Pilanesberg está situado en el cráter de un volcán extinguido hace millones de años, y ofrece la oportunidad de despertar con el maravilloso canto de los pájaros, mirar a la suave luz del atardecer las manadas de antílopes, cebras o jirafas llegar a las fuentes a beber, descubrir el corazón mismo del África salvaje, sentirse intimidado por el rugir de los leones, deslumbrado por la majestuosidad de los elefantes  o por un paisaje encantador de montañas, praderas, arroyos y lagos.

Se puede recorrer alguna de las rutas del Parque en vuestro propio coche (nosotros lo hicimos la primera mañana con nuestro polo… ¡rojo!). Se puede, pero no ves tantos animales como con los guías y 4x4 que permiten salirse de los caminos establecidos.

En el Parque se pueden ver los “big five” o 5 grandes (esta expresión ya la comentamos en el post sobre Zimbawbe) es decir, elefantes, búfalos, rinocerontes, leones y leopardos.

¿Uno de los que más me impactó? El Rinoceronte, verlo tan cerca del coche es realmente intimidatorio, pero más cuando pudimos ver el enfrentamiento entre dos grandes machos… no nos atrevimos ni a movernos. En las fotos una madre y su cría.

Otro encuentro espectacular fue el que tuvimos con los elefantes. Esta vez no íbamos en el polo rojo, sino en un camión 4x4 descapotado que conducía un alemán, y cuyo copiloto era un kilométrico rifle (“por si acaso” dijo cuando se le preguntó). Primero nos encontramos con un gran, viejo y solitario macho al que no gustó nuestra presencia cercana (al principio sólo movía las grandes orejotas como si quisiera imitar a Dumbo y salir volando de allí, pero en realidad las movía como aviso de lo que iba a suceder si seguíamos molestando a ese gruñó; finalmente nos atacó. Sólo durante unos segundos y decenas de metros, pero el susto fue cojonudo y el conductor tuvo que salir a toda pastilla de allí). Minutos después, fue una gran familia de paquidermos la que obligó a que paráramos el camión 4x4: cruzaban el camino por delante, y acabaron  rodeando nuestro vehículo. Todavía recuerdo la sensación, una mezcla a partes iguales de miedo (tuvimos que estar en silencio absoluto, ¡ni toser siquiera!) y admiración por estar en medio de ellos.

De los “big five” también vimos búfalos y leones, aunque no tuvimos ocasión de estar muy cerca. El que faltó fue el magnífico y elegante leopardo… ¡para la próxima ocasión!.

Además de los anteriores animales mencionados, la riqueza de la fauna y la belleza de Pilanesberg es apabullante. Os dejo a continuación algunos muestras de ello:

En el próximo post nos acercaremos a Ciudad del Cabo. Hasta entonces, sizobonana!! (=¡hasta luego! pero en zulú)

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