Sudáfrica (III): Cape Town

Sudáfrica 049En el presente post continúo con el viaje por Sudáfrica, que comencé en el anterior post.

Una vez terminó nuestra estancia en el parque Pilanesberg, devolvimos el vehículo en el aeropuerto de Johannesburgo (sin rastro de policías en Salidas esta vez), y tomamos un avión para Ciudad del Cabo o Cape Town, en el extremo sur del continente africano.

Sudáfrica 076En este caso tocó de nuevo alquilar un vehículo con volante a la izquierda… ¡y el mando de los intermitentes a la derecha!. Mi mujer aún se ríe cada vez que recuerda las veces que di al limpiaparabrisas cada vez que quería girar… pero llegamos al hotel sin mayores problemas. Era una casa tipo inglesa (por cierto acordaros de que los enchufes son diferentes y debéis llevar adaptador especial) con techos altos y una habitación magnífica, ahora las llaman con encanto.

Sobre Ciudad del Cabo o Cape Town son muchas las cuestiones a comentaros: en primer lugar mencionar que es una ciudad atípica dentro del continente africano, compleja (muchas realidades conviviendo en el mismo espacio y cuya perspectiva cambia según el momento y el lugar desde el que se observe o la persona con la que estés hablando, ofreciendo panorámicas y fotografías a veces completamente opuestas), pobre y rica a la vez, divertida e intimidante otras veces, exótica y multicultural a la par que occidental, tan africana de entrada como europea de vez en cuando. Es por tanto una urbe rebosante de contrastes y contradicciones.

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Sociológicamente, de todas las grandes ciudades del país, sin duda, Ciudad del Cabo es la más diversa: los mestizos (coloured) constituyen aproximadamente la mitad de la población, siendo la población negra la segunda en importancia (un 30%). La minoría blanca alcanza aquí los porcentajes más elevados de todo el país (cerca del 20%), existiendo además una importante minoría de origen asiático (malayos, hindúes...).

En términos similares, la diversidad étnica de la que hablamos también se traduce en una gran riqueza lingüística y cultural. Ciudad del Cabo es una auténtica torre de Babel: 11 son las lenguas oficiales de Sudáfrica, y un divertido ejercicio mental es intentar averiguar en qué idioma hablan los comensales de al lado mientras cenas: afrikaans, inglés, xhola, zulú…

Su convulso pasado no deja indiferente a nadie, ni siquiera a sus propios habitantes, que como el resto de sudafricanos todavía están haciendo un ejercicio de reflexión sobre lo que supuso el régimen del aparheid y las consecuencias de su historia en la sociedad presente. Ese presente en el que las desigualdades, tan evidentes y difícilmente disimulables a lo largo y ancho de todo el país, son compatibles con el hecho de que Ciudad del Cabo sea una ciudad joven y dinámica.

Como ejemplo de esta singularidad os dejo un párrafo muy explícito de la novela Zulú de Caryl Férey

Colonos europeos, tribus xhosas, obreros indios o malayos… hacía siglos que Ciudad del Cabo era una urbe mestiza: el faro del país, una Nueva York en miniatura a orillas del mar, sede del Parlamento y que, por esa misma razón, había sido la primera en aplicar las novedades del “apartheid”

A todo esto que os cuento también  habría que añadir y considerar un hecho bastante significativo de esta ciudad. A pesar de las desigualdades, Ciudad del Cabo es la ciudad con una mayor calidad de vida de todo el continente.

Otra cuestión diferente es la seguridad…

De las grandes ciudades sudafricanas Cape Town es la que más ha descendido el nivel de delincuencia en los últimos años (un país con unos niveles de inseguridad tristemente elevados). Eso sí, asusta un poco atravesar, por las modernas y cerradas carreteras, el enorme township de Khayelitsha, mencionado en la novela mencionada Zulú, un gigantesco barrio de chabolas, un cinturón urbano que constituye el corazón más humilde de Ciudad del Cabo.

La seguridad es un tema importante y constante en la vida de los sudafricanos, algo que afrontan con una naturalidad pasmosa. Como ejemplo, en nuestro caso, la gerente del hotel nos mencionó que por la noche no debe parar uno el coche bajo ningún concepto, pase lo que pase, o se cruce quién se cruce por delante (literalmente)… pero te lo cuenta como si nada.

descargaOtro ejemplo. de forma tranquila los habitantes de la ciudad conviven con verjas (electrificadas, OJO), cámaras de vigilancia, guardias de protección, etc… como si no pasara nada, es más, en las viviendas los carteles de vigilancia incluyen el texto “armed response”.

En resumen, quizás en el Cabo el ambiente sea más relajado y distendido que en el norte del país o en otras grandes urbes como Johannesburgo, pero hay que tener cuidado, eso sí, sin caer en la paranoia: se toman las debidas precauciones y punto. Como visitante, sin minimizar y quitarle hierro al problema, yo pude disfrutar con bastante tranquilidad de mi estancia en el Cabo, sin sentir en ningún momento que mi vida corriese peligro por ello.

Volviendo a cosas más agradables, alguna de las excursiones que finalmente realizamos tomando como base el bonito hotel fueron las siguientes:

Table Mountain:

Montaña que con su extraña forma de mesa, y rodeada de nubes aparece imponente entre los edificios, dibujando un perfil característico y haciendo diminuto el skyline de la ciudad.

Ciudad del Cabo se extendía a los pies de Table Mountain, el suntuoso macizo montañoso que, desde su cumbre de un kilómetro de altura, dominaba el Atlántico sur” (extracto de la novela Zulú)

La montaña forma parte del Parque Natural Table Mountain (Patrimonio de la Humanidad) y está coronada por una meseta de 3 km de lado por lado. Hasta allí se puede llegar en teleférico. Una vez arriba, si las condiciones climatológicas lo permiten, las vistas de toda la ciudad y la región son impresionantes. A mí me dejaron con la boca abierta.

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Por cierto, la de la foto es mi mujer (primera foto que publico en mi blog), y la isla que se ve en el centro es Robben Island, donde estuvo preso Nelson Mandela.

Downtown

Una consecuencia lógica e inevitable de la inseguridad y del subdesarrollo en infraestructuras de gran parte de la ciudad, es el hecho de que no haya una fuerte red de transporte público a disposición del usuario. El coche, para cualquier desplazamiento, se hace imprescindible y, al más puro estilo americano, se convierte en una herramienta fundamental para el día a día.

La estructura de la ciudad no tiene demasiado que ver con la de cualquier urbe europea. El centro como tal cuenta con unos cuantos rascacielos (tampoco demasiados) y  está reservado a oficinas y grandes empresas y no es un lugar  demasiado frecuentado cuando termina la jornada laboral y los trabajadores ya se retiran a descansar en sus domicilios, situados en los periféricos barrios residenciales o se van a cenar y pasar su tiempo de ocio a los grandes centros comerciales de las afueras. De todos modos los fines de semana suele haber mercadillos donde encontrar (son duros regateando eso sí) artesanía local que traeros de recuerdo de África.

Waterfront

No lejos del centro, un buen lugar para tomar el pulso a la ciudad quizás sea el Victoria & Alfred Waterfront, el antiguo puerto situado en pleno centro histórico, convertido hoy en un gran mall. La verdad es que lo tienen bien montado, lleno de restaurantes, tiendas y galerías de arte, un puente levadizo, un montón de embarcaciones de recreo, un agradable paseo alrededor del mar, donde uno puede ver hasta focas y una bonita torre de reloj, que data del año 1883.

Springboks-600x396Como anécdota, en uno de los restaurantes del Waterfront sirven comida bastante inusual: por ejemplo pude probé dos antílopes: el kudu y el sprinbok, la gacela emblema de la selección sudafricana de rugby, el deporte nacional.

Es un lugar bullicioso y transitado, lleno de grupos de música tocando y cantando en la calle y pleno de espectáculos callejeros entorno a los que turistas y locales se recrean y disfrutan del buen ambiente y la animación callejera.

Aquí los grandes problemas del país se diluyen y el fantasma de la delincuencia (salvo por el detalle de un control de armas en la entrada de la discoteca-pub de música en directo) se evapora convirtiendo el Victoria & Alfred Waterfront en un escaparate lleno de luces que nos muestra la cara más amable del país.

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