Trujillo y Monfragüe

Una vez acabadas, desgraciadamente, las vacaciones (este año he tenido la suerte de conocer, entre Asturias y Cádiz, un fabuloso Marruecos que ya comentaré próximamente), retomo el blog donde lo dejé:  y tras recomendar la novela La mediadora y el viaje a Cáceres capital (comentada en post anterior), si vais por tierras extremeñas, os recomiendo también conocer:

Trujillo:

Para los que no lo sepan, Trujillo es una ciudad cacereña muy famosa por ser el lugar de nacimiento (marzo de 1478) de Francisco Pizarro, conquistador de Perú, y de donde partieron decenas de vecinos a lo largo del siglo XVI para “hacer las Américas”, y convertir esta antigua plaza militar romana en una de las ciudades más bonitas de Extremadura y de España.

Y es que, aunque es famosa por Pizarro, Trujillo ya era conocida antes: primero, como decía, por los romanos, que tenían la ciudad como campamento importante (Turgalium, con un camino de ronda circundaba el perímetro con sus torreones y almenas). Después, como alcazaba árabe en tiempos del emirato omeya de Córdoba.

Si os acercáis a la ciudad (en mayo como fuimos nosotros, se celebra la fiesta del queso) un buen punto de partida de vuestra ruta por sus callejuelas estrechas y empedradas, puede ser la Plaza Mayor, presidida por la escultura ecuestre de bronce de Pizarro, el que fuera gobernador de Nueva Castilla tras imponerse al imperio inca y establecer su capital en La Ciudad de los Reyes (actual Lima), donde murió en 1541.

La Plaza Mayor es asimétrica como podréis ver, y en su época fue arrabal, barrio de mercaderes, primitiva judería, escenario de mercados medievales, lugar de juegos y justas, hasta que a mediados del XVI empezaron a asomar a la plaza las grandes casas palaciegas. Fue entonces cuando sus bajos se llenaron de soportales y se arregló la iglesia de San Martín, de una sola nave y que verticalmente se asoma a la plaza mostrando la hora mediante su conocido reloj, justo detrás de la estatua de Pizarro mencionada.

Otro importante edificio de la Plaza es el Palacio de los Duques de San Carlos, actualmente convento. Al lado, se encuentra el Palacio de los Marqueses de Piedras Albas. Pero el más importante de la plaza es el del Marqués de la Conquista (promovido por el hermano de Pizarro), una soberbia representación plateresca cuyo balcón esquinado es síntesis del mejor arte extremeño.

Además de la Plaza Mayor, conviene subir al Castillo, emplazado en la parte más elevada del promontorio trujillano, y que domina visualmente toda la ciudad. Construido originalmente en tiempos califales y reformados tras la Reconquista, consta de un cuerpo cuadrado al que se adosan diferentes elementos de fortificación. El segundo cuerpo del Castillo lo forma el albacar construido durante los siglos XIII y XIV, cuyo perímetro irregular alberga en su interior la ermita de San Pablo, edificada en el siglo XVI.

Las murallas, de cuyo origen musulmán apenas quedan restos, conforman un recinto rectangular de mampostería y sillería jalonado por diecisiete torres dispuestas a intervalos irregulares. Al parecer, el recinto dispuso de siete puertas, de las cuales se conservan cuatro: la de la Coria, la del llamado Arco del Triunfo, la de San Andrés y la de Santiago.

Subiendo desde la Plaza Mayor hasta el Castillo, podréis encontraros con la Iglesia de Santiago, donde se encuentra el popular Cristo de las Aguas, denominado así ya que es la imagen que la ciudad de Trujillo saca en procesión en épocas de sequias, obra del siglo XIV.

 

Otra iglesia importantísima es Santa María La Mayor, donde puede verse un busto en bronce de Francisco de Orellana (descubridor del río Amazonas) y cuya construcción comenzó tras la reconquista de la ciudad en 1232. Destacan por su elevación, las torres de las campanas y la conocida como Torre Julia, de factura románica. Como curiosidad es una de las torres (remodelada a finales del siglo pasado, puede observarse una “gracia” del escultor: el escudo del equipo de fútbol de sus amores)

Amén de la Plaza Mayor, el Castillo y las iglesias mencionadas, y como decía, a Pizarro le acompañaron numerosos aventureros, caballeros, o vecinos, con el deseo de encontrar fortuna, sexo y poder. Y muchos encontraron todas ellas, trayendo de vuelta a Trujillo la primera, tal y como puede verse aún en forma de fastuosas casonas, casas fuertes y palacios a lo largo y ancho de su casco histórico, que construyeron como símbolo de sus afortunados viajes durante el siglo XV y XVI, al otro lado del Atlántico. Os dejo una serie de fotos del paseo por la ciudad:

Monfragüe:

Otra de las visitas obligadas, en un viaje turístico por Extremadura, es descubrir el parque nacional de Monfragüe, en el entorno de la confluencia entre los ríos Tajo y Tiétar, y que es uno de los de mayor diversidad de Europa (en lo relativo a la fauna, sus tres principales iconos son los buitres negros, de los que anidan unas 250 parejas en esta zona natural; las águilas imperiales; y las cigüeñas negras. Pero, asimismo, podrás ver alimoches, búhos reales, águilas perdiceras, culebreras y reales, milanos, garzas y, sobre todo, buitres leonados.

Una de las posibilidades que ofrece el parque es acercarse hasta la pequeña aldea de Villarreal de San Carlos, donde se encuentra el Centro de Visitantes y la ermita de la Virgen del Socorro. Desde la aldea salen numerosas rutas de senderismo, de todos los niveles y para todo tipo de usuario.

Nosotros tomamos una que nos llevó más de diecinueve kilómetros (llevaros agua puesto que no hay por el camino) hasta el mirador de buitres más importante y espectacular, el Salto del Gitano, para luego llegar hasta el Castillo de Monfragüe.

Si vas en época de temporada turística alta o en fin de semana, no podrás subir en coche hasta el Castillo, y deberás hacerlo en bus o andando una buena cuesta arriba, lo que te llevará algo menos de una hora. En lo alto de la Torre del Homenaje del Castillo tendrás unas increíbles vistas panorámicas del parque nacional.

Disfrutad del paseo o caminata, y espero que os gusten algunas de las imágenes que os vais a encontrar:

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