Viaje a Nunca Jamás

En esta ocasión quiero recomendaros una lectura clásica de toda la vida, una lectura a un lugar mágico, un viaje imposible a un lugar imposible llamado el País de Nunca Jamás (Neverland), de la mano del dramaturgo escocés James Matthew Barrie, cuyo afamado Peter Pan presentó al mundo por primera vez en 1904 (con el añadido de Wendy en honor a la niña co-protagonista) aunque la escribiera en forma de novela en 1911.

Como ha habido tantas versiones y adaptaciones de esta historia, sé que es difícil, casi imposible, que no hayáis oído hablar de Wendy, Campanilla o el temible Capitán Garfio; sin embargo, os recomiendo leer el libro cuando podáis, pues lejos de ser empalagosa, inocentona y cursi (un cuentecillo para niños) su lectura será una gran sorpresa para vosotros: primero porque la narración se mantiene en un nivel muy alto en todo momento, y segundo, por su gran carga simbólica (que ya la quisiera mucha literatura "de adultos").

En cuanto a su argumento mencionar que llamará la atención cómo, su personaje principal (que da nombre y título al libro), cumplirá dos de los sueños más recurrentes de cualquier hombre (he dicho hombre porque en esto, las mujeres, sois mucho más pragmáticas y con los pies en la tierra, valga la expresión más que nunca): en la isla, si eres niño, nunca creces y, además, gracias entre otras hadas a Campanilla, puedes volar.

Además de estas dos maravillosas ensoñaciones, los niños Perdidos (aquellos bebés que se cayeron del cochecito mientras la niñera no estaba mirando y que fueron recogidos por las hadas y Peter Pan, al no ser reclamados por ningún ser humano) viven sin ninguna regla ni responsabilidad, pasando así la mayor parte del tiempo: divirtiéndose y viviendo aventuras junto a temibles piratas, indios, sirenas, hadas (son los seres más importantes y místicos del País de Nunca Jamás, y son tanto hombres como mujeres. Su naturaleza les permite producir polvo de hadas, un material que contiene magia y gracias al cual todos los personajes de la historia de Peter Pan podrán volar), y demás criaturas que habitan en las selvas y aguas profundas de Nunca Jamás.

Seguramente alguno estará preguntando cómo poder ir a ese lugar y cumplir con alguno de sus sueños de la infancia ¿La respuesta? Pues no es tan difícil como parece, según su autor, J. M. Barrie, deberás volar hasta lo más alto del cielo y “girar en la segunda estrella a la derecha, volando hasta el amanecer”.

Como anécdotas, mencionar en primer lugar que os encontraréis con un Peter Pan que tiene muy poco que ver con el simpático y travieso personaje que nos presentó Disney en su adaptación al cine infantil. Es un niño, pero que destripa piratas con satisfacción y exige de cuantos le rodean una sumisión sin resquicios a su liderazgo (arriesgando todo y a todos en el éxtasis de la acción), tiránico y alegre, obstinado y olvidadizo, adorable y cruel. Como segunda curiosidad os podréis fijar que no hay niñas perdidas salvo una (Celia) porque, según Peter Pan, las niñas son demasiado inteligentes para caerse del carrito. En tercer lugar, como curiosidad, el autor no superó el metro cincuenta de altura lo que seguro le conllevó ciertos problemas con el no crecer y cuyas consecuencias psicológicas rezuman a lo largo de sus páginas. Y como última anécdota, irónicamente los niños protagonistas son llamados perdidos por su autor, aunque nunca estarán, por lo que he dicho, mejor hallados que en esa Isla de Nunca Jamás.

Por cierto, como última reflexión, levantad la mano quién no ha soñado poder evitar la gravedad y poder volar cual ave por el aire. En cuanto al primero de los sueños que planteaba al principio del post, no crecer nunca, está claro que los hombres nos empeñamos en intentarlo una y otra vez, un síndrome de Peter Pan especialmente llamativo si se van cumpliendo décadas en los cumpleaños. Da igual si cumplimos los 30, los 40 o los 50, todos queremos seguir siendo chavales y ponemos todo nuestro empeño en conseguirlo: llámense videojuegos, los cómics y sus versiones cinematográficas, el deporte y los deportivos, etc… y que, sobre todo, a partir de los 40 pretendemos nos devuelvan la eterna juventud perdida, o simplemente nos ayuden a no crecer. Alguno a lo mejor no se siente tan reflejado, pero en el fondo, aunque no vivamos en Nunca Jamás, todos queremos ser Peter Pan.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.