Viena: capital de la música

JohannStraussEmpezaré este post con dos preguntas que parecen no estar relacionadas entre sí: ¿Quién de vosotros recuerda qué suele hacer uno la primera mañana de Año Nuevo? ¿Cuál es la capital de la música?

A algunos, seguramente, os costará hacer un esfuerzo memorístico entre nebulosas etílicas para recordar que ocurre la mañana (mediodía sería más apropiado por la hora) de Año Nuevo, sin embargo, si os refresco vuestros lóbulos temporales, recordaréis más nítidamente que hay un evento tradicional y común en casi todos los hogares de medio mundo cuando os levantabais legañosos: ver a tus padres, abuelos, tíos (o quién se levantara antes) plantados delante de la “caja boba”. ¿Y qué ven y escuchan con tanto interés en sus televisores? La respuesta contesta a las primeras preguntas que os hice: el “Neujahrskonzert”.

El Concierto de Año Nuevo, de la Orquesta Filarmónica de Viena, se celebra en la Sala Grande o Sala Dorada de la Musikverein de Viena y para vuestra información y curiosidad se retransmite, desde 1959 aunque se celebró por primera vez en 1939, para una audiencia potencial estimada de 1.000 millones de personas de 81 países. La música es, en su mayor parte, de la familia Strauss (Johann padre, Johann hijo, Josef y Eduard) aunque excepcionalmente (para celebrar bicentario de fallecimiento o nacimiento) se ha tocado una pieza de Mozart, una de Wagner y una de Verdi. Como sabéis, el concierto siempre termina con los músicos deseando colectivamente un feliz Año Nuevo, y con el vals de El Danubio Azul (de Johann Strauss hijo), seguido de la Marcha Radetzky de Johann Strauss padre. Durante esta última obra, la audiencia aplaude al compás y el director se vuelve para dirigirla, durante breves instantes, en lugar de a la orquesta.

violinViena era la capital de la música mundial en el siglo XVIII (promovida por los emperadores de la casa de Habsburgo). Grandes figuras de la historia vivieron en esta ciudad imperial: Mozart, Beethoven, Strauss (familia comentada), Schubert, Brahms o Haydn vivieron y compusieron buena parte de sus obras en esta majestuosa ciudad. Los pulmones de esta intensa vida musical fueron los bailes, los cafés y los quioscos de música, dominados por esas instituciones prestigiosas y venerables que fueron, y siguen siendo, la Staatsoper (la Ópera), la Orquesta Filarmónica (considerada como la mejor del mundo) y la Orquesta Sinfónica, formaciones que contaron con la participación de las batutas más ilustres y los cantantes más apreciados.

Añadir que esa herencia musical sigue siendo una de las señas de identidad de los vieneses, y que pude observar hace unos pocos meses, cuando pasé un fin de semana en la capital austríaca, ya que además de la música clásica mencionada Viena también es famosa por el Coro de Niños, la infinidad de festivales de música progressive, su ópera, conciertos de jazz, música en directo, etc… que un día sí y otro también, se celebran en la ciudad. Por todo ello, también ahora se la puede considerar como la capital de la música.

Sino sois especialmente amantes de la música y preferís otra alternativa cultural, Viena también dispone de más de cien museos a poder visitar, por lo que la oferta en este sentido como veis es muy amplia.

En cuanto a la ciudad en sí, lo primero que hice nada más llegar fue montar en el típico autobús turístico que recorre la Ringstrasse (la avenida con forma de anillo, y la más importante de la ciudad). En ella se encuentran los edificios más famosos de Viena: el Palacio Real Hofburg, el Ayuntamiento, la Bolsa, el Parlamento, el Burgtheater, la Iglesia Votiva, la Universidad, el Museo de Historia del Arte o el Museo de Historia Natural, y por supuesto, la Ópera.

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Terminado el corto tour, y pasando por la plaza Schwarzenberg (parece el nombre del famosísimo actor austriaco, Míster Universo y curiosamente Gobernador de California, pero no tiene nada que ver) que conmemora la liberación de Viena por el ejército soviético y que supone un homenaje al Soldado Liberador.

Después, anduve (no está al lado) hasta el Palacio Belvedere: residencia de verano del Príncipe Eugenio de Saboya. El conjunto lo forman dos palacios unidos mediante un enorme jardín francés que es lo más interesante del conjunto palaciego junto a las vistas

P1050110Una vez finalizada la visita volví mis pasos hasta el centro histórico. En el camino nos encontraremos con la Iglesia de San Carlos Barromeo, una de las más importantes de la capital austríaca. Durante la epidemia de peste de 1713, el Emperador Carlos VI prometió al pueblo que cuando la ciudad fuera liberada de la enfermedad, construiría un templo dedicado a San Carlos Borromeo, patrono de la lucha contra la peste.

IMG_1704 En el interior de la iglesia, al dirigir la mirada hacia el techo se pueden observar los preciosos frescos pintados en la cúpula que representan la apoteosis de San Carlos Borromeo. Pero lo más llamó mi atención fueron las dos columnas del exterior, inspiradas en la Columna de Trajano de Roma, con una decoración en espiral que representa escenas de la vida de San Carlos Borromeo.

IMG_1708De vuelta al centro, y de nuevo en la Ópera, saqué una foto del interior y paseamos tranquilamente por las concurridas calles de Viena.

En ellas es típico visitar y disfrutar de alguna de las famosas cafeterías vienesas, que os deleitarán con sus innumerables variedades de cafés, y sus creativos y típicos postres (el bizcocho Gugelhupf, la tarta Sacher).

Por mencionar algunas: Bellaria, Café Central, la Confitería imperial y real Demel, Confietería Gerstner, Hawelka, Hofburg, Landtmann y así un larguísimo etcétera. Desde 2011 la cultura del café, tan tradicional en Viena, es ya Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO.

IMG_1716Llegué, como punto final de la visita, hasta la Catedral de San Esteban, situada en Stephansplatz, en pleno corazón de la ciudad de Viena. Stephansdom se levantó sobre las ruinas de una iglesia románica dedicada a San Esteban construida en 1147, aunque del antiguo templo sólo se conservan la Puerta de los Gigantes y las Torres de los Paganos.

IMG_1722La catedral está coronada por una gran torre con forma de aguja construida en estilo gótico que, con sus 137 metros de altura, puede verse desde diferentes puntos de Viena. En la parte posterior de la catedral se puede ver el Tejado de los Azulejos, formado por más de 250.000 azulejos que tuvieron que ser restaurados tras quedar seriamente dañados durante la II Guerra Mundial.

Una vez dentro de la catedral se pueden observar diversos estilos arquitectónicos provenientes de diferentes épocas. Albergando los restos mortales de gran parte de los miembros de la familia Habsburgo y fue el lugar de boda y posterior funeral del magnífico Mozart.

Antes de despedirme de la ciudad, recomendaros, para comer o cenar, alguno de los muchos restaurantes que os ofrece Viena: una opción muy rica y económica es bettelstudent. Otra opción es que lo hagáis en algún "beisl" o típica taberna vienesa.

Suenan ya los últimos compases de esta visita a la capital de la música, debo dejaros hasta siguientes posts: “Auf Wiedersehen Wien“

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