Zimbabwe (I): memorias de África

Zimbabwe_SunsetEn el post anterior, en la novela El Vengador de A.J. Quinnell, el autor nos propone un viaje a dos lugares del mundo muy dispares entre sí, Zimbabwe (o Zimbabue) y Hong Kong. No he tenido el placer de conocer la mega ciudad asiática pero sí tuve la suerte hace unos años de recorrer los principales atractivos turísticos del país africano, por ello aprovecharé el presente post para recomendaros visitar, si podéis, la antigua Rhodesia.

Algo de memoria histórica de África: en un principio, Rhodesia fue el nombre dado durante el mandato británico a una amplia región conquistada por el empresario y colono sir Cecil Rhodes en el sur de África. Estas tierras se reorganizaron posteriormente en dos regiones, separadas por el río Zambeze: Rhodesia del Norte y Rhodesia del Sur, que pasarían a llamarse tras su independencia (en 1964), Zambia y Zimbabwe respectivamente.

La capital de Zimbabwe (Harare), Bulawayo y Victoria Falls son los tres lugares principales donde la primera parte de la novela mencionada transcurre. En mi caso, el destino principal era el mencionado en último lugar: conocer y ver las impresionantes cataratas Victoria, y hacia allá nos dirigimos, hace ya unos años, eso sí, vía y conexión Johannesburgo.

Aterrizaréis en el pequeñísimo aeropuerto de Victoria Falls: es tan pequeño que no hay ni siquiera una cinta para las maletas, y donde el control de pasaportes consistió sencillamente en una simpática policía local sentada en una mesa plegable que con parsimonia nos revisaba la documentación.

BilletePor cierto, los billetes de Zimbabwe no son tan pequeños en cambio, ya que tiene la tasa más alta de inflación del mundo con un ¡100.000%! (sí está bien escrita la cifra). Para que os hagais una idea, la tasa de cambio de 1 dólar USA son 30.000.000 de dólares zimbabuenses). Mejor ejemplo, una foto

Después de cambiar millones de dólares en el aeropuerto, tomamos un coche con conductor previamente contratado (por seguridad no recomiendo ir por tu cuenta) que nos acercó a un precioso lodge pegadito al río Zambeze, y cuyo cauce es el eje principal de todas las actividades a poder realizar por la zona.

La primera sorpresa agradable fue la cena, bajo un inmenso cielo estrellado como pocos he visto. La siguiente fue probar el cocodrilo (por decir algo, es de textura parecida al pollo pero con un cierto regusto a ¿pescado?). La tercera sorpresa fue el espectáculo a los postres, un grupo de shonas o autóctonos amenizó largamente la sobremesa con bailes de la zona, y tengo que reconocer que me gustó muchísimo. El viaje había comenzado de manera inmejorable.

A la mañana siguiente nos pegamos el madrugón (se precisa casi todo un día) para realizar una de las actividades más espectaculares que puedes experimentar por estas tierras salvajes: el rafting (palabra inglesa que se utiliza para llamar al descenso de río, en la dirección de la corriente, sobre algún tipo de balsa). Por lo común los ríos que se navegan tienen algún grado de turbulencias o “rápidos”, por lo que también son llamados ríos “de aguas blancas” debido a que este color es característico de la espuma que genera la turbulencia en los cuerpos de agua.

En el río Zambeze (Zambezi) es posible realizar el que es considerado uno de los raftings más extremos del mundo. Este rafting extremo se puede iniciar desde Zambia o Zimbabwe pero el recorrido es el mismo. Nosotros salimos desde Zimbabwe, cerca de las propias Cataratas.

¿Y por qué he repetido el adjetivo extremo?

Está considerado como Grade 5 (sobre 6) lo que significa “extremely difficult, long and violent rapids, steep gradients, big drops and pressure areas. Es decir es literalmente un rafting extremadamente difícil, con rápidos largos y violentos, fuertes pendientes, grandes caídas y áreas de presión y remolinos. Para añadirle más sal a la aventura, en algunos remansos (en la orilla) se pueden ver cocodrilos, y de veras, agradecí que ninguno quisiera vengarse de mí por comerme la noche anterior a alguno de sus congéneres.

Aunque no salgo (no compre el video), aquí podéis ver, para que os hagáis una idea, aproximadamente qué hicimos y de qué estoy hablando:

El descenso del río es en un cañón espectacular de roca negra, pero más espectaculares son los rápidos que descenderéis. Sólo con mencionar sus sugerentes nombres la adrenalina vuelve a correr por mis venas: Escaleras hacia el cielo, la Lavadora, Olvido, El baño del diablo, o El tiburón mortal que cruje.

Nos proporcionaron chalecos, cascos y remos (la temperatura del agua era buenísima y no se echaron en falta trajes de neopreno). Por cada barca había un kayak de apoyo, lo que fue necesario y tranquilizador, porque pasamos gran parte del rafting en el agua ya que aunque caerse depende de la pericia del grupo (hay que estar en relativa forma), del peso y número de remeros, y de la suerte… de todos modos, seguro que vas a caerte (y más de una vez)… eso sí donde caerás no hay ningún lagarto Juancho (los cuarentañeros como yo recordarán al personaje de dibujos, pero acordaros que éste vivía en Florida)

Si en lugar, o además del rafting, y tenéis tiempo y dinero, se puede realizar un viaje espectacular por el cañón donde antes hemos ido remando, nadando y buceando… en helicóptero; eso sí, no apto tampoco para todos los corazones.

¿Demasiado extremo? En el siguiente post os plantearé otras alternativas más tranquilas que ofrece Zimbabwe.

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